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La participación ciudadana: procesos de emergencia política en la esfera cultural

Escrit el 30/06/2010 per Rubén Martínez a la categoria Cultura i democràcia.
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1. introducción

Este texto es producto de una sesión de trabajo organizada por la Direcció General de Participació Ciutadana de la Generalitat de Catalunya y coordinada por Indicultura Mundial. El objetivo de la sesión era contribuir a la confección del libro verde para la mejora de la participación ciudadana pero, de manera más específica, una de las premisas de reflexión que se proponía en esta sesión era “promover un proceso de reflexión orientado a un mayor empoderamiento de la ciudadanía en relación a la cultura”. Durante esa sesión lancé una serie de ideas que ahora me propongo desplegar pero que -afortunadamente- se vieron afectadas por lo que entre todos y todas intercambiamos en dicha sesión.

tal vez haya la intuición de que fomentar otras parcelas de participación ciudadana pueden equilibrar el nivel de desconfianza que progresivamente ha ido adquiriendo la clase política

De entrada, creo que es necesario remitirse al origen que es a su vez producto final de esta (y entiendo que otras muchas) sesiones que se están desarrollando: el libro verde o, más bien, el porqué de su necesidad. La crisis de representación política que se ha venido desarrollando durante las últimas décadas a nivel europeo es un hecho irrefutable. Tal vez haya varias maneras de explicar porqué los niveles de participación en las urnas cada vez que la democracia nos cita nunca han sido excesivamente altos. Y tal vez haya la intuición de que fomentar otras parcelas de participación ciudadana pueden equilibrar el nivel de desconfianza que progresivamente ha ido adquiriendo la clase política. En principio, entiendo el estímulo que guía estos procedimientos de consultoría sectorial en busca de pensar modelos de participación e incluso intentar conformar una especie de think tank descentralizado que arroje sus ideas al diseño de un libro verde para ese fin. Pero una mirada microscópica nos revelará que ese desconfianza no solo genera una crisis representativa, sino que es a su vez estímulo para intentar diseñar desde la propia ciudadanía otros modelos de organización política, otras formas de intentar producir normatividad. Podríamos resumir esto como una acuciante sensación de que las políticas bottom up (de abajo a arriba) intentan describir su propia lógica y su propio ámbito de actuación y que progresivamente se ven más alejadas de las políticas top down (de arriba a abajo). He aquí el nudo de la crisis representacional. La difícil articulación de este doble proceso es la que se ha intentado desarrollar con las políticas de gobernanza que se llevan diseñando desde bien entrados los 90s y principios del 2000 en Europa[1]. Resumiendo mucho todo este proceso, el llibre verd de la qualitat democràtica sería el último episodio de este trayecto que intenta fomentar procesos de participación con los que interpelar a la ciudanía. Más allá de todo este marco, el objetivo es centrarnos en el ámbito cultural y -aunque siempre es un difícil ejercicio, ese de “fijar la mirada” en un sector diluido en tanto que se produce y reproduce en toda la esfera social- poco a poco, voy a intentar remitirme a fenómenos de autoorganización que se desarrollan en el campo de la producción cultural.

2. fomentar la participación VS optimizar los procesos que ya se dan

el recurso más preciado en el actual sistema económico los producimos todos y todas colectivamente

No son pocos los pensadores y autores que se refieren al paradigma actual como un momento de difícil gobierno y de inútil comparación con las formas de organización (tanto productivas como políticas) que se dieron durante la época industrial. Que “algo está cambiando” es una sensación que podemos compartir muchos y muchas, lo difícil es saber cómo y hacia dónde dirigimos exactamente este proceso de cambio. Pero en el marco de lo que algunos denominan el capitalismo cognitivo[2] se están desarrollando fórmulas por parte del mercado y del Estado para intentar gobernar lo ingobernable y extraer renta de una nueva fábrica que ha desmoronado los procesos de producción y organización clásicos: la fábrica social. En esta nueva esfera de producción, el conocimiento ya no sólo tiene lugar en las universidades o en los departamentos de I+D del sector privado, sino que el recurso más preciado en el actual sistema económico lo producimos todos y todas colectivamente. Los niveles de innovación emergente[3] que se dan en contextos de cooperación social, en zonas que antiguamente estaban al margen de la cadena de montaje fordista, desbordan completamente cualquier medida, cualquier proceso de cómputo clásico de “lo productivo”. Esa otra lógica sin medida, empuja a estos procesos a intentar mantenerse en un “afuera” del marco institucional o incluso a ser producto de un  estar en desacuerdo con ese status quo.

Pero la economía de mercado ha detectado estas cuencas creativas, y ha diseñado procesos que pueden ya no absorver la creatividad que generan[4] sino intentar integrar este cerebro colectivo como parte de su producción creando protocolos de participación regulares. Un caso muy claro es el crowdsourcing[5], el primo aventajado (aventajadísimo) del outsourcing. Este proceso “participativo” apela a la creatividad de toda la sociedad para solucionar un problema o contestar a una demanda específica de un cliente. Son miles los ejemplos de crowdsourcing que podemos encontrar en plataformas online que aprovechan la arquitectura de la web 2.0 para apelar a la contribución creativa o a la solución técnica de cualquiera que quiera tener la “oportunidad” de introducirse en esta dinámica de “participación”[6]. Un caso absolutamente pornográfico de estas dinámicas de extracción de renta de la creatividad social es el fiat mio, una plataforma web que invita a todo el mundo a lanzar sus ideas para imaginar el coche del futuro, que tanto apela a los deseos de quienes envían sus comentarios como a la capacidad imaginativa de todo aquel/aquella “que desean continuar dando nuevas ideas para la evolución de los automóviles”. El problema no está en saber si estos procesos son más o menos participativos o si fomentan en mayor o menor medida la cooperación o la democratización del mercado[7], el tema que a mi modo de ver es principal es detectar quién capitaliza esa producción, quién se beneficia económicamente a la vez que intenta legitimar sus procesos de captura argumentando una mayor apertura de su modelo empresarial. Sin poder analizar detenidamente este proceso, podemos sacárnoslo de encima argumentando que el crowdsourcing no es otra cosa que un proceso de extracción de I+D a bajo coste (gratuito) y el último coletazo de la precarización del trabajo.

los espacios institucionales en el ámbito cultural también están siendo atravesados por estos cambios estructurales, y se han centrado en reflexionar respecto al papel que ha de tomar esta ciudadanía cultural que ya no solo consume, sino que produce conocimiento y valor

Sin querer hacer una analogía respecto a las tácticas del mercado para intentar abrazar la complejidad socia actual, los espacios institucionales en el ámbito cultural también están siendo atravesados por estos cambios estructurales, y se han centrado en reflexionar respecto al papel que ha de tomar esta ciudadanía cultural que ya no solo consume, sino que produce conocimiento y valor[8]. Es el caso de centros como el CCCB, que en estos días ha realizado junto al Citylab de Cornellà una serie de talleres dirigidos a instituciones culturales para pensar maneras de inscribirse en esa lógica 2.0. Este no es un evento descontextualizado, sino que se inscribe en la naturaleza del programa ICi del CCCB o el CCCB_lab, programas desde los que se intenta pensar la manera de inscribir formas más horizontales de concebir la producción cultural. Uno de los retos es cambiar el modelo organizativo clásico de la institución cultural pero, dicho sea de paso, con mayor o menor suerte debido al carácter micro de estas propuestas y su difícil porosidad en la totalidad de la coyuntura administrativa. Esto describe un proceso que se lleva a cabo desde la institución, un intento de diseñarse al ritmo de lo que actualmente acontece[9]. Un proceso legítimo, necesario y que no está conducido por otra mentalidad que el sentido común, pero que viaja a rastras -como no podía ser de otra manera- de procesos que se dan fuera de los muros institucionales, procesos que buscan un devenir instituyente[10], una emergencia de patrones de organización, relación y producción que pueden experimentar “desde abajo” una normatividad que más que inspirarse, acontece en la propia fábrica social. Para no andarme con abstracciones o con ilusiones amorfas, paso a describir brevemente un proceso que ha tenido lugar hace poco en Barcelona y que creo se inscribe en esa práctica instituyente dentro del campo cultural, el [:D]evolution summit.

3. caso de estudio: [:D]evolution summit

Antes de explicar qué es y cómo funcionó el [:D]evolution summit es necesario narrar un poco el programa al que buscaba responder, es decir, el European Forum on cultural Industries. Por lo tanto y para (por una vez) respetar el protocolo tradicional, antes de lo instituyente, viene lo institucional.

El European Forum on cultural Industries se presentaba como el evento más relevante en materia cultural dentro de la presidencia europea española (y, si nos guiamos por partidas presupuestarias, sin duda debería serlo). Estas jornadas que incluían una cumbre de ministros de cultura europeos, intentaban sostener la tesis de que las industrias culturales y, por ende, los derechos de autor, son una fuente de riqueza económica irrenunciable y un motor de desarrollo económico y social. En este marco, la todavía ministra de cultural Ángeles González Sinde,  divulgó las ideas que se llevan tiempo fraguando desde el ministerio de cultura y que tanto rechazo social y -esto hay que subrayarlo- rechazo por parte de varios segmentos sectoriales han ido recolectando.  El pliegue de debates y conferencias en este marco oficial venía regido por lo que se entiende ya como una limitación de las posibilidades de difusión, cooperación y producción en la red (la ley sinde[11]) y las ideas que postula el “libro verde de las industrias creativas”, una fórmula renovada de articular el potencial económico de las tradicionales industrias culturales[12]. Estos modelos aseveran que la forma de sustentar económicamente el tejido empresarial del ámbito cultural ha de basarse en la explotación de los derechos de autor, creyendo férreamente que la exclusivización del conocimiento y la creatividad es el único modelo posible para su desarrollo.

Esto enlaza con la creencia de que tan solo una economía de mercado basado en la competitividad, la escasez y el interés individual puede asegurar un crecimiento del modelo económico actual

Esto enlaza con la creencia de que tan solo una economía de mercado basado en la competitividad, la escasez y el interés individual puede asegurar un crecimiento del modelo económico actual. Un dogma neoliberal que a día de hoy, no hace más que mostrar su incoherencia y su falta de solvencia, teniendo en cuenta la crisis sistémica a la que esta supuesta naturaleza económica nos ha empujado[13]. El modelo de las industrias de los derechos de autor (llamémoslas por su nombre) no parece caer en la cuenta que exclusivizar el conocimiento no es otra cosa que cercar la producción que se genera colectivamente.

Esto es lo que el pensador postautonomista Yann Moulier Boutang ha denominado los “cercamientos digitales”, es decir, una maniobra de privatización del procomún que el autor enlaza con el origen del capitalismo[14]. Y es precisamente esa reivindicación, la del carácter colectivo de esta producción basada en la cooperación social (no comercial ni económica) y el debilitamiento del procomún lo que se buscaba contextualizar en el [:D]evolution summit organizado por red-sostenible. En este evento paralelo se puso en marcha una máquina de producción descentralizada a la altura de las circunstancias y que en sí misma es una demostración de lo que postula. Diversos colectivos, espacios, organizaciones culturales, profesionales de ámbitos sociales, políticos y sectoriales pusieron en marcha este evento de puesta en cuestión y, lo que es más importante, producción de discurso que se desarrolló de manera paralela al congreso oficial. Este cerebro colectivo tuvo la capacidad de transmitir en directo diversas charlas y conferencias emitidas en streamming, hacer análisis de lo que se decía dentro del congreso oficial (gracias a gente infiltrada que grababa, editaba y narraba lo ocurrido), lanzar campañas virales por la red[15], realizar acciones en la calle para transmitir socialmente su mensaje y conseguir impacto mediáticos, etc.

Una de las figuras que tal vez resume de manera más directa el espíritu del [:D]evolution summit es Michel Bauwens, teórico de las redes y del peer-to-peer que forma parte del la P2P Foundation. Bauwens estuvo en el congreso oficial y a su vez participó en el :D]evolution summit, y en ambos lugares defendió cómo las tecnologías P2P son el subsuelo que actualmente se está construyendo para un nuevo paradigma socio-económico[16]. Bauwens  detecta cómo el mercado está intentando acomodarse en esta nueva lógica (como veíamos en las dinámicas como el crowdsourcing) pero asegura que la filosofía P2P es imparable, y que los procesos de cooperación y de búsqueda de otros beneficios más allá del económico a través de modelos sostenibles es ya una realidad (pese a que todavía se encuentra en un período de transición).  Todos estos organismos que parten de la sociedad civil (hemos visto a red sostenible, p2p foundation pero podríamos sumar otros tantos como exgae, public domain manifesto, etc.) están generando no una simple respuesta en contra de lo que oficialmente se intenta construir, sino que crean su propia red de construcción de una nueva institucionalidad que a veces analizan críticamente, a veces pacta o a veces se une estratégicamente con los organismos públicos. Una red que  articula investigación, reflexión y acción y que amplía día a día su comunidad.

Más allá de fomentar la participación ciudadana o intentar generar ciudadanía cultural, se ha de experimentar con alianzas que potencien las políticas bottom up, optimizando los procesos que ya se dan

A mi modo de ver, no hay posibilidad alguna de introducirse o solicitar a esta red que funcione de una u otra manera o que sea representada de una u otra manera o que se adapte a procesos de participación ciudadana de una u otra manera. Esta es una red compleja, basada en la mutua confianza, en valores y formas de producir que emergen en cada proyecto específico, que cuenta con liderazgos y con jerarquías pero que forman parte de un proceso dinámico, cambiante y que se reconfigura una y otra vez. Este proceso instituyente está en pleno proceso y las instituciones han de optimizarlo más que intentar legitimarse a través de reproducir su léxico[17]. Más allá de fomentar la participación ciudadana o intentar generar ciudadanía cultural, se ha de experimentar con alianzas que potencien las políticas bottom up, optimizando los procesos que ya se dan en la esfera social y cultural.

4. conclusiones

No es mi intención presentar aquí un dualismo (Estado Vs Ciudadanía) ya que carecería de todo sentido en un entorno tan poco dado a la segmentación como el que estamos. Los organismos públicos, las instituciones, los gobiernos locales, etc. tienen su misión, y su campo de acción ha de entenderse dentro de lo público y no podemos entenderlo como otra cosa que una conquista social irrenunciable. La idea es más bien que el intento de codificar y regularizar lo que ocurre de forma a priori caótica y poco ortodoxa en los procesos de autoorganización que acontecen en la esfera social sea entendido como una maniobra fútil y que no busca otra cosa que gobernar lo ingobernable. Tampoco es demasiado inteligente pensar en estas prácticas como un departamento de I+D cuyas ideas pueden aplicarse a planes ya existentes o a procesos de gestión que les ofrecen “participar” o “la oportunidad de formar parte de”. Es una realidad en sí misma, es un proceso de puesta en cuestión y formación de nueva ciudadanía imparable, y las estructuras de gestión de la administración deberían pensar maniobras que optimicen este caldo de cultivo. En el ámbito de la producción cultural, esto se presenta de manera especialmente interesante, ya que la transición en la que actualmente se encuentran las industrias culturales tradicionales frente a la incoherencia que suponen los protocolos legales y jurídicos (derechos de autor y de propiedad industrial) debería corresponderse con un momento de experimentación más que de criminalización de prácticas que responden a los actuales usos sociales y culturales del conocimiento.

La defensa del procomún y el rechazo frontal de su cercamiento, no es un frente hostil, es una oportunidad inmejorable para pensar otros modelos económicos

La posibilidad de cartografiar este territorio difuso, de esta red cambiante con nodos dinámicos y modos de organización complejos puede ser una posibilidad para entender mejor lo que está ocurriendo en estos procesos de innovación emergente. Esto pasa por una renuncia a su gobierno a la vieja usanza o de nuevos procesos de gobernanza, que por bienintencionados que sean no cuentan ni forman parte de estas redes de confianza y de cooperación por mutuo acuerdo.

Esta renuncia sería del todo positiva, pasando del intentar gestionar al intentar comprender y potenciar lo que está ocurriendo en los márgenes o en el afuera institucional [18]. La defensa del procomún y el rechazo frontal de su cercamiento, no es un frente hostil, es una oportunidad inmejorable para pensar otros modelos económicos de pequeña escala, otros modelos que presentan soluciones en su práctica y posiciones interesantes en su reflexión.

Rubén Martínez, YProductions

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/


[1] como buen ejemplo, el white paper (libro blanco) lanzado por Bruselas en el 2001 centrado en el marco estratégico para una nueva governance a nivel Europeo www.ec.europa.eu/governance/white_paper/en.pdf
[2] Para una contextualización de ese marco de análisis del capitalismo tardío mirar el libro “Capitalismo cognitivo” de la editorial Traficantes de Sueños. Se puede descargar aquí.
[3] innovación emergente es un término que YP lanzamos en nuestra investigación “Innovación en Cultura” y que describe procesos de producción colectiva que se dan en un contexto generando externalidades positivas en su entorno. Estas externalidades no tienen porqué ser mercancías ni necesariamente vienen dadas por “eventos culturales”, sino que constituyen un flujo de saberes y de maneras de hacer que inciden de manera positiva en la esfera local. Para una definición más desarrollada del témino innovación emergente, se puede descargar la investigación en http://ypsite.net/innovacion_en_cultura.html
[4] Como podrían hacer los coolhunters, que se dedicaban a “cazar tendencias” paseándose por la ciudad para -por ejemplo- la industria de la moda, fijándose en la manera de vestir, los peinados o en la manera de hablar, etc. de los adolescentes, una máquina desbordante de creatividad.
[5] para una buena definición del término crowdsourcing, visitar la plataforma de producción colectiva de referencia ;) http://es.wikipedia.org/wiki/Crowdsourcing
[6] sinceramente, no sé si sería mejor ahorrarme las comillas en todos estos términos ya que voy a tener que acudir a ellas todo el rato para relativizar su contenido y acentuar su uso meramente retórico. Improvisaré sobre la marcha..
[7] Esta idea de que sistemas como el crowdsourcing pueden ser una vía para “democratizar el mercado” o que puede ayudar a gente que por currículum nunca accedería a un trabajo creativo en una gran compañía es una idea defendida durante mucho tiempo por gurús de la economía neoliberal y por asesores de la decadente “nueva economía”.
[8] es lo que se ha denominado el prosumidor: una unión entre los términos consumidor y productor que acentúa la disolución de barreras entre lo productivo y lo reproductivo, entre el consumo y la producción, entre el proveedor de contenidos y el consumidor de los mismos, etc
[9] un proceso que describía de forma muy clara la metáfora que comentaba Rafa Milán durante la sesión de trabajo: el deseo de la institución de pasar a ser (o comportarse como) “persona” alejándose de su papel de “cosa”.
[10] Es interesante ver el libro “producción cultural y prácticas instituyentes” editado por Traficantes de Sueños, que es una compilación de texto rescatada del proyecto Transform del EIPCP / El libro se puede descargar aquí.
[11]aquí se puede encontrar información respecto a la “ley sinde”  http://www.20minutos.es/noticia/603967. Para conocer la campaña que sigue en marcha contra esa ley visitar http://internettienememoria.blogspot.com
[12] Para un análisis profundo de qué significan y qué suponen las industrias creativas y otros modelos que se alejan de este paradigma neoliberal se puede descargar la investigación “nuevas economías de la cultura” que realizamos desde YP.
[13] Michel Foucault analiza con precisión clínica este proceso histórico de construcción de la razón económica a través de la economía política en el libro “El Nacimiento de la Biopolítica” (Ediciones Akal, 2009. Madrid) una rigurosa y fascinante genealogía del neoliberalismo y su pasado inmediato.
[14] Emmanuel Rodríguez de la universidad nómada explica este proceso de cercamiento de la inteligencia colectiva en un artículo que puede leerse en http://biblioweb.sindominio.net/pensamiento/cercamientos.html
[15] como el ya mítico duelo Punset VS Sinde que a día de hoy tiene más de 150.000 visitas http://www.youtube.com/watch?v=lefG4P0_jRk
[16] Para ver o descargar la conferencia de Michel Bauwens ir a http://vimeo.com/10709027
[17] no es de extrañar que conceptos como sostenibilidad, participación, ecología, etc. nos generen desconfianza si son enunciados por organismo o prácticas que reproducen viejos modelos y que no interiorizan el significado real de este léxico.
[18] Más que un modelo a reproducir, es interesante ver como práctica sugerente los sistemas que se han llevado a cabo en contexto como Sao Paulo a través de los “Pontos de cultura”. La intención de esta red de infraestructuras es detectar lo que ocurre en cada contexto, fomentando lo que las comunidades que se han ido generando puedan alimentar y potenciar sus prácticas a través de estos recursos. Evidentemente, la escasez de un contexto como Barcelona no se centra en una falta de recursos o instalaciones http://www.artetransformador.net/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=66%3Apontos&catid=25&lang=en

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