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Jaron Rowan

“Todo esto hace que la gente prefiera un trabajo creativo mal pagado que un trabajo más funcionarial mejor retribuido. Hay un acto de auto-precarización.”

Fins no fa gaire, la gent que ha obert camí en la gestió de la cultura en el nostre entorn comptava amb poca formació relacionada amb el tema. Ha estat el seu itinerari professional el que els ha donat crèdit per parlar-ne com experts. Els màsters i post-graus existents no ho compensen gaire, i serveixen més de ponts i passarel.les per “conèixer qui s’ha de conèixer” que per aprofundir en el sentit i dinàmica de la cultura.

La novetat és que ara gent més jove com Jaron Rowan comença a parlar del tema amb un bagatge teòric més específic. I la sorpresa agradable és, si més no en aquest cas, que aquest major grau de formalització no va en detriment de cert nivell de crítica, com sovint passa en els processos de tecnificació, sinó que ben al contrari recupera una capacitat qüestionar que en molts casos aquells “pioners” han perdut.

Jaron Rowan compagina el seu curriculum acadèmic, que en l’actualitat inclou treballar mitg any a la universitat de Goldsmiths, a Londres, donar classes a la UOC i fer un doctorat en Estudis Culturals, amb la seva activitat a Yproductions, empresa de gestió, producció i investigació cultural, de la que n’és un dels fundadors des del 2003.

Un dels motius d’aquesta conversa és l’edició del llibre “Emprendizajes en cultura: discursos, instituciones y contradicciones de la empresarialidad cultural”, que està a punt de ser publicat per Traficantes de Sueños, en el que posa en relleu la cara fosca de l'”empresarialització” de les professions culturals.

Hablemos del libro. ¿Como surge? ¿De qué va?

Básicamente es el fruto de una investigación que pude hacer gracias a una subvención otorgada por el centro cultural Montehermoso de Vitoria.

En él analizo cuales son los orígenes de la noción de emprendizaje en cultura. Es decir, atiendo a como primero se pasa de pensar la cultura como un derecho que tiene que garantizar el estado -me refiero a una realidad casi “aeconómica”-, a entenderse como uno de los principales mecanismos de producción de riqueza para las ciudades y, a partir de ahí, como esto se plasma en una serie de planes que buscan que los agentes culturales adopten modelos más empresariales.

Miro en el estado español que tipo de administraciones, de programas, de formación y de subvenciones, hay, para facilitar que esto vaya pasando.

Y por último cuales son las motivaciones, deseos, anhelos, problemáticas, que hacen que agentes culturales que antes habían estado en asociaciones sin ánimo de lucro, organizando festivales de poesía, gente de colectivos,… paulatinamente vayan asumiendo estos modelos.

Lo que hice fue coger carretera y manta y entrevisté a unas 60 empresas de Cataluña, Madrid, Extremadura, Euskadi y Andalucía. Para buscar como las personas que han pasado por estos planes han vivido esta empresarialización.

¿Quienes son los emprendedores culturales?

Tal como lo planteo yo, en la década de los 70-80 se hablaba mucho de industrias culturales, que eran grandes bloques: televisiones, productoras de cine,… empresas verticales con una serie de personas asalariadas: los creativos, los escritores, los productores…

Este modelo se pone en crisis a mediados de los noventa cuando se introduce la noción de industrias creativas. Se empiezan a poner en valor toda una serie de prácticas culturales que realmente favorecen que las industrias culturales funcionen, pero que se encuentran un poco fuera de la economía: artistas, diseñadores gráficos, diseñadores de moda, programadores, diseñadores de páginas web actores, actrices, músicos, gente de artes escénicas… Todo este tipo de prácticas que no siguen el funcionamiento de las grandes empresas, sino que se basan en microempresas o trabajadores autónomos que están buscándose la vida como pueden, se piensan por primera vez como un sector industrial, en este momento nacen las denominadas industrias creativas en las que se integran los emprendedores culturales.

¿Que ocurre con estas prácticas cuando son empujadas a ser empresas?

Suceden varios procesos de forma simultánea. Uno de ellos, es que las asociaciones o colectivos se tienen que redefinir como empresarios o emprendedores. Personalmente considero que decir emprendedores y empresarios es básicamente lo mismo, pero la etiqueta de “emprendedores” queda mucho más cool, ayuda a que la gente más joven no tenga miedo al emprendizaje.

Por otro lado, la gente que tiene una formación propiamente empresarial, tiene una mirada mucho más estratégica, busca nichos de mercado, busca demandas para cubrir con un negocio determinado. En cambio, los emprendedores culturales son personas que provienen de una práctica cultural y debido a varios motivos se ven obligados o deciden empresarializarse. Una de las razones que empuja a estos agentes culturales a tomar esta decisión puede ser debido a que hay un miedo, por ejemplo, a estar en situación ilegal. “Oh!” –dicen- “es que ya facturo mas de 3000,00.-€ al año con el DNI. Entonces, no quiero que me lleven a la cárcel,..”, cuando no tiene nada que ver, lo importante es la continuidad en la facturación. Pues esto es un determinante a la hora de montar una empresa. Fuera de toda lógica empresarial, ¿no?. Montar una empresa por miedo.

También ves que hay gente que dice “yo quiero montar una empresa por tener libertad”. “Yo no quiero tener un jefe, trabajar 8 horas,…” Pero por otro lado cuando hablas con ellos ves que trabajan 12 horas al día, y bueno, “libertad la tengo, pero no me puedo tomar vacaciones el fin de semana por que tengo un deadline”. Por un lado está la idea, y por el otro las condiciones reales del trabajo.

O gente que se siente creativa y por esto se mete en este tipo de empresas pero cuando se mete se da cuenta de que la mitad del trabajo es gestión pura y dura: ivas, irpfs, mandar emails …. la gestión que uno no se imagina cuando esta fuera resulta que es un trabajo bastante aburrido. Hay esta tensión entre la creatividad y la gestión.

¿Como crees que afecta esto a la cultura, al resultado del trabajo creativo?

Hay un discurso público que lo que dice es que lo que necesita la cultura es profesionalizarse. Se asocia a la idea de constituirse como empresa con ser más profesional. Para forzar un poco este hecho muchos ayuntamientos prohíben la contratación de asociaciones, para priorizar la contratación de empresas.

Esto facilita que empresas de gestión más grandes pueden meterse donde antes no tenían espacio. Por ejemplo, imaginemos una localidad con un festival de poesía organizado por una asociación de poetas de ese mismo enclave. Al introducir la obligación a la gestión la lleve una empresa se propicia que se pueda presentar a concurso una empresa de gestión cultural mucho más grande con sede en Madrid, Barcelona, etc. Éstas pueden competir por precios, tiene la mitad de su plantilla subcontratada,… y ganan. Entonces cambia la gestión de este evento, a veces para bien, pero muchas veces para mal. Por qué desconocen la realidad local, no tienen la sensibilidad para detectar que pasa en estos sitios,… Lo he visto mucho también con las productoras audiovisuales y las televisiones locales. Ahí hay unos efectos negativos de todo este proceso.

Fins aquest moment, hem parlat del llibre que lògicament l’entrevistat es coneix bé. A partir d’aquí, l’entrevistador es dispara, potser per les seves recerques particulars, a buscar connexions més generals de tot això que explica el Jaron, i l’entrevistat respon sense despentinar-se, amb la mateixa consistència i capacitat de construïr un discurs que ha tingut fins ara.

Esto que estudias se relaciona con dinámicas más amplias, ¿no?

En pocas palabras, lo que vemos es una transformación muy importante en como se concibe el trabajo. Hemos pasado de un trabajo más basado en la industria y en el trabajo físico, a un trabajo que exige aptitudes cognitivas, relacionales, afectivas… En este sentido, este campo de experimentación que son las empresas culturales esta sirviendo como avanzadilla de muchas formas de trabajo. ¿Por qué? Esta cosa de ser tan flexible, de no tener horarios, esto de ir con el ordenador arriba y abajo y en cualquier sitio abres la oficina,… para bastantes personas se ve de una forma positiva, como un modelo a seguir. Cada uno es más responsable de si mismo, asume sus éxitos y trabajos, no hay vacaciones,… Entonces todo este campo se ve como un espacio bastante inspirador para otras formas de trabajo.

También está otra crítica. Las industrias culturales y creativas se han inspirado en los modelos de trabajo instaurados en Silicon Valley. En este auge comprobamos como gente trabajaba turnos 24 horas y tal. Estas nuevas oficinas camuflaban la explotación con canchas de basquet, fubolines y otros entretenimientos introducidos en el lugar de trabajo. El ocio y el trabajo se empiezan a diluir. Entonces no sabes si estas de fiesta o en una reunión informal. Estás tomando cañas con unos amigos pero también estás hablando de tu nuevo proyecto que vas a hacer pronto. O te vas al cine, pero estás pensando en la reseña para la revista que tienes que escribir. Desconecto pero siempre tengo el móvil por si me llaman,….Toda una serie de cuestiones que en el trabajo asalariado estaban claras  de repente se han fundido. Por un lado se ve como una conquista, decido mis horarios y tal,.. pero por el otro lado implica que te pasas 24 horas al día trabajando.

Tengo una costumbre bastante extraña. Colecciono tweets de gente que dice “son las seis de la mañana y he conseguido entregar el proyecto” o “he estado soñando toda la noche en el proyecto,…” Estos tweets los colecciono, es una especie de etnografia new media, y son muy ilustrativos.

La economía tradicional se está “creativizando”. Se espera que todas estas cosas impregnen otra forma de trabajo.

¿En que medida hay conspiración? ¿En que medida hay una evolución espontánea o, por el contrario, conducida de todo este proceso?

Fíjate que hay una cosa muy perversa en todo esto. Si miramos finales de los sesenta principios de los setenta vemos que en Italia hay todo el movimiento de los denominados autonomistas que están saboteando las fábricas, boicoteando la Fiat, rechazando el trabajo en cadena, se empieza a pedir más espacios para la creatividad, más imaginación. Más tarde, en Francia vemos el mayo del 68, la imaginación al poder, hay una crítica a los sistemas cerrados en la que vemos que toda una serie de personas está poniendo en crisis el trabajo asalariado, las obligaciones,…. Por el otro lado vemos el movimiento hippie en EEUU, donde hay un rechazo a toda una serie de condiciones. Un rechazo que durante la década de los 80-90 vemos como los libros de management -y esto lo cuentan muy bien Luc Boltanski y Eve Chiapello en el libro “El nuevo espiritu del capitalismo”- empiezan a integrar como obligación. Hay por un lado una captura de la crítica al sistema que se convierte en un imperativo.

Por otro lado tenemos un proceso de liberalización brutal, en el consenso de Washington en el 84, en el que una serie de economistas de la escuela de Chicago, con Milton Friedman al frente, empiezan a definir como tiene que ser el trabajo. Dicen que el trabajo tiene que ser más flexible, el trabajo se tiene que externalizar, se impone la subcontratación…. Hay quien apunta que todo lo que criticamos como precarización del trabajo viene de este tipo de modelos que después recogen el FMI y el Banco Mundial, e imponen a diferentes países.

Después hay una producción de sujetos deseantes. Hay un discurso que es el de la felicidad en el trabajo. Dice que un trabajo es bueno si te permite realizarte como ser humano, si te permite sentirte feliz,.. Todo esto es nuevo, nuestros abuelos no se planteaban si tenían que ser felices en el trabajo. Y ahora se plantea. Esta idea de que uno va a trabajar y tiene que disfrutarlo! Todo esto facilita que trabajos creativos se vean como trabajos mucho mejores. Y la gente prefiera un trabajo creativo mal pagado que un trabajo más funcionarial mejor retribuido. Hay un acto de auto-precarización.

Nos encontramos con estas tres líneas. Es un sistema de gobernanza y no de gobierno por qué no es que alguien haya tomado una decisión, sinó que las exigencias de uno, las necesidades de los otros y las posibilidades se ponen de acuerdo.

Pensemos un poco en réplicas, alternativas,…. ¿Tiene algún sentido plantear una vuelta de la cultura al estado?

Yo creo que no. Por un lado tenemos que defender cierto papel de el estado, vemos como con la crisis se recortan presupuestos que son necesarios (centros de arte,.. cosas que nunca entrarán en el mercado) y creo que tenemos que ser más vehementes en defender esto.

Pero por otro lado que hay nuevos modelos que salen. He detectado toda una serie de empresas que no tienen que ver nada con el modelo tradicional de empresas. Que son más cooperativos entre ellos. Producciones Doradas, que pone sus discos al alcance de la gente, la editorial Traficantes de Sueños, con una idea más política de lo que es una empresa, en Córdoba está la gente de Poliposeidas que es un grupo de teatro que buscan a través de sus actuaciones repensar todas estas cosas del trabajo, etc. En definitiva toda una serie de organizaciones que ponen en crisis la idea tradicional de empresa.

Y por otro lado creo que es muy importante facilitar que sea la cultura desde abajo la que se organice. No esperar que el estado solucione las cosas sinó pensar en nuevas plataformas y formas de organización.

Pero la cultura sigue financiada por el estado,…

Yo creo que hay un problema en pensar por un lado está lo publico y por el otro lo privado, que son entes diferentes. Por un lado estoy de acuerdo con lo que dices. Gran parte de las empresas a las que he entrevistado están desarrollando servicios para el estado. Vemos que el 80% de las empresas viven del estado: programas de integración social, ferias, fiestas, integración social, idiomas para inmigrantes,…

Pero también vemos que si miramos otros sectores, también el estado se dedica a mantenerlos. Hace un año leía lo que le daban a Ryanair por mantener abiertas las líneas en Reus, y era el equivalente al 70% de todo lo que dan para cultura.

Entonces cuando te metes mas en como funciona la economía, ves que esto está extendido. Lo hemos visto con todo el tema de la banca, con los automóviles,.. El sector cultural tenemos complejo de culpa, pero no es muy diferente de lo que ocurre en otros sectores.

¿No hay algo de carrera loca en todo esto, para seguir dando sentido a la idea de trabajo? ¿Siguen siendo necesarios los trabajos?

El trabajo es un embuste. Hay que partir de esta premisa. (“¡ya tenemos el titular!” riem). Hay un libro que me gusta mucho de Marshall Sahlins que se llama “La economía de la Edad de Piedra”, en el que lo que hace es analizar cuantas horas son necesarias para garantizar la subsistencia en las comunidades primitivas y nómadas. Tradicionalmente se decía que éstas dedicaban gran parte de su tiempo a la caza puesto que no tenían sistemas de acumulación. El mercantilismo azotó a las comunidades campesinas y las acusó de ser vagas tan sólo porque trabajaban lo necesario para subsistir cómodamente, desde entonces las cosas han empeorado mucho. El libro demuestra que las horas reales que necesita el ser humano para subsistir son dos o tres al día. Habla de que en el fondo hay una gran mentida en todos los discursos que dicen que el trabajo es necesario para obtener el goce.

Dimarts 21 de setembre a les 10 del matí: Esmorzar d’Indigestió, amb Jaron Rowan. Una mena de tertúlia. Si t’ha interessat i pots vine a xerrar-ho en directe.

Descàrrega gratuïta del llibre “Emprendizajes en cultura” a http://www.traficantes.net


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