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El intermediario sigue a salvo

Escrit el 13/02/2011 per Nando Cruz a la categoria Drets d'autor, El ruido de fondo.
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Con la ley Sinde sobrevolándonos como una incierta espada de Damocles, se precipitan y acumulan los debates en medios de comunicación, cafeterías y, faltaría más, redes sociales. Como siempre, nos ponemos a hacer los deberes tarde y mal. Si hubiese existido un diálogo verdadero, pedagógico y constructivo, quizás tendríamos todos las ideas más claras. Yo mismo estoy hecho un lío y, por eso, rompo mi juramento de no hablar en Nativa del tedioso tema de las descargas. (Pido perdón de antemano y antebrazo).

Me sorprende que empiece a verse como una alternativa de consenso esa que hace de Spotify la salomónica solución a todos los males: la gente paga poco por escuchar mucha música y el autor cobra algo. Nadie sabe de dónde han salido estos de Spotify. Nadie sabe cuánto cobra el autor de cada escucha o si ya está cobrando, pero si no se quejan los sellos ni los autores será por algo: porque dan la batalla por perdida o porque confían a ciegas en este nuevo agente. Lo que parece unánime es que si pagas la suscripción  te sientes justo y moralmente a salvo, mientras que si no pagas mantienes tu posición de pirata revientamercados. Jamás la distancia entre lo legal y lo ilegal fue tan ínfima. ¡9’99 euros al mes! ¡Incluso 4’99!

Es sólo un ejemplo de cómo, mientras creadores y consumidores se tiran de los pelos, el intermediario se ríe desde la barrera. Aquel discurso de que las multinacionales son el demonio y hay que desembarazarse de ellas ha dado paso a una tolerancia y casi admiración por nuevos intermediarios (compañías telefónicas, empresas de material informático, distribuidores de contenidos digitales…) que se han adueñado del negocio. Movistar, iTunes, Spotify, Apple y demás firmas jóvenes, emprendedoras y amistosas han arrinconado a las multinacionales, sí, porque ahora son ellas las nuevas multinacionales. Concentran aún más poder porque renuncian a la parte creativa y sucia del negocio (producir la música) y se limitan a sacar tajada de ella. Hoy las agónicas discográficas son proveedores de contenidos.

Los temas de conflicto se legislan siempre en base de la presión de los grupos mejor organizados. En este caso, han sido la industria del disco y la principal entidad de gestión de derechos de autor (SGAE). Los artistas se han visto representados (voluntariamente o no) por ellos. El consumidor, por su parte, ha visto como un ente aún más abstracto, la Asociación de Internautas (constituida con todo el derecho del mundo, como cualquier asociación, pero sin autoridad para representar a todos los consumidores de música desde internet), peleaba desde el otro lado.

La ley Sinde está al caer, así que poco se puede hacer ya. Si acaso, perseverar en el intento de que creadores y usuarios hablen y se pongan de acuerdo. En Inglaterra funciona Artists To Fans To Artists (A2F2A), un foro digital de opinión cuyo principal objetivo es propiciar que el artista entienda la postura del consumidor (y viceversa) y que juntos establezcan unas nuevas reglas del juego justas para ambos. Aquí, los intermediarios no tienen voz ni voto. El lema del blog es: “Artists need to be paid, and fans want to pay them”. Lo primero no tiene discusión: los artistas deben ser remunerados. Lo segundo igual suena algo más iluso. ¿El fan desea pagar al músico? ¿Cuánto? ¿Cómo? Quizá un diálogo franco entre los dos únicos protagonistas de este debate permita que esta frase que hoy suena a deseo vuelva a ser realidad. Y no porque una ley impida obtener música gratis.

La intención de esta columna era fomentar este diálogo poniendo de ejemplo el blog inglés. Lo triste es que A2F2A abrió en octubre de 2009 y editó su última entrada en abril de 2010. Así estamos de dialogantes.


4 Respostes

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  1. arecio says

    Yo personalmente creo que hay un montón de demagogia al respecto. Y sobre todo en españa, donde la cultura del escaqueo y del “si es gratis mejor” impera sobre la consciencia social.
    No dejo de sorprenderme, muy a menudo, de la gente que se queja de la publicidad del Spotify. Me sorprende por dos cosas: porque sean incapaces de pagar cinco putos euros!!! al mes para quitarla, y porque, siendo como son las personas que se quejan músicos, donde está la conciencia de grupo?
    Voy a salirme un poco por la tangente, pero creo que en parte el modelo de difusión de Apple es bastante bueno, lo que funciona solamente para las aplicaciones de iPhone, que no se pueden crackear fácilmente. Una prueba de ello es la cantidad ingente de software a precios totalmente irrisorios que se encuentra en Apple Store…entren ustedes para comprobarlo. Otra cosa es que barato es más caro que gratis, y ahí volvemos a la cuestión inicial.
    Gracias y perdón, yo también.

  2. xbv says

    Muy interesante el artículo.

    Respecto al tema Spotify, creo que puedo aportar algo de información. Yo he subido música a Spotify, también sin conocer exactamente las condiciones. No me detallan el precio por play exactamente, pero si me incluyen un número de plays que ha tenido mi música y el total que me abonan. Haciendo una media aritmética (en caso que todos los plays valgan por igual, sin importar la duración de la canción o si el usuario es premium o no) me sale una ridícula cantidad de 0,001€ por track. Así que si alguien tiene la bondad de escuchar un disco entero de 10 canciones tengo la inmensa suerte de cobrar un céntimo de euro.

    Si estos números cuadran, un usuario que pague 4,99€ a Spotify (ya no digo 9,99€!) al mes saldrá algo rentable a la compañía siempre y cuando este escuche menos de 4990 canciones al mes, cosa bastante probable.

  3. lenore says

    También sabemos que Lady Gaga cobró 167 dólares de derechos en 2009, uno de sus años grandes. Los directivos de Spotify no están autorizados por contrato a revelar los porcentajes del reparto por cada canción (el de España no para de repetirlo en cada chiringo al que le invitan). Apesta fuertemente a alianza entre la empresa y las multis, pasando por completo del interés del artista. Todo lo contrario que los sufridos uploaders que están haciendo gratis lo que los ministerios de cultura pasan de hacer. Me refiero a construir la fonoteca digital universal. Habría que pagarles al menos tan bien como a los mejores bibliotecarios. Eso también es trabajo. El otro día Tito Pintado (Penelope Trip, Single, Anti) m contaba que se curró los subtítulos completos de la serie “Absolutely fabulous” y que tiempo después la compañía que editó el DVD se los copió enteros. Acabó cobrando sólo tras un juicio donde le defendió David Bravo.

  4. Antonio says

    Siempre que existe un intermediario, el nº de copias (o escuchas o lo que sea) vendidas está en tela de juicio porque es un dato que le llega al autor muy distorsionado las más de las veces. Yo abogo por el viejo sistema de montar tu propia empresa-estudio y controlarlo tú todo en la medida de lo posible. Internet en ese caso sería una herramienta de promoción y venta, y de comunicación y contactos para los conciertos. Sólo habrías de pagar a la operadora y los gastos de envío de las copias físicas, y recibirías el dinero de las descargas o copias vendidas a través de paypal. Te crearías tu propia discográfica y ahora, con la nueva ley de depósito legal, podrías depositar tú tu obra, sin pasar por el fabricante que serías tú (una copiadora de cds valdría, aunque también puedes explayarte con los formatos personalizándolos, etc). El registro de canciones a través del registro de la propiedad intelectual (sin pasar siquiera por la SGAE). De todas formas, con las creative commons puedes ‘dosificar’ esa propiedad a tu gusto y poner a la escucha (o streaming) del internauta toda tu música y a la venta con precio libre y BARATO (los mp3 p. ejem). Si todos hicieran lo mismo o parecido, no harían falta spotifys, irías directamente a cada web de tus artistas preferidos que tendrías en tus favoritos. Si acaso varios blogs de actualidad y recuperación (como hay ahora), que incluso tendrían la posibilidad de ser profesionales (con la nueva ley de depósito se permite depositar webs en cierta medida aunque se reservan ellos cierto control). Los sellos seguirían existiendo (donde hay un puñado de grupos surgirá siempre alguien con instinto reunidor) pero derivarían más hacia internet y se tendrían que adaptar a esas reglas (sobretodo a poner en streaming toda su música (que ya casi lo hacen muchos) y venta BARATA del mp3).

    En definitiva sería acercarse al concepto de montar un estudio de arquitectura (hoy en día no se concibe que existiera un sello ‘arquitectónico’ para el que trabajan varios arquitectos, sometiéndose a él. Al revés, es él el que monta las cosas y las contrata (no le contratan esos servicios a él; en todo caso puede trabajar por encargo de un promotor (el oyente en el caso de la música)). Tendrá que comprar un ordenador, un ploter, alquilar un local, mirar un montón de proveedores y elegir el que más le convenga, etc. No quiere decir que todos tengan que hacer igual, pero esa podría ser una opción más extendida y no se ve tanto. En la música se depende demasiado de las discográficas y de los medios.

    Lo que pasa en la música es que surge gente muy joven a la que sólo le ha sido necesaria una guitarra para juntar un puñado de temas y, seducidos por el glamur del mundillo, no quieren oír hablar de otra cosa que no sea componer o tocar, abonado el terreno a los posibles abusos discográficos (que, ojo, no siempre es así). Además de todo ello, se da la circunstancia del vacío de una formación reglada, que no conduce a un título y por tanto es todo más voluble e inestable, creo yo, al no tener donde apoyarte.



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