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Unos apuntes sobre el Forum o quién se va a jugar el pan a 30 euros la pieza

Por Lucía Lijtmaer

“Unos apuntes sobre el Forum o quién se va a jugar el pan a 30 euros la pieza”

Jordi Oliveras me llamó para participar en el Fòrum d’Indigestió de Tardor para que hablara de pop. O para que hablara de la relación algo confusa que tiene el pop con la cultura. Ahí es nada. El título del Forum trataba una pregunta que no lo era sobre la domesticación de la cultura o la cultura domesticada. Yo iba a centrarme en música, periodismo y medios de comunicación, por cercanía y profesión. Como suele pasar en estas cosas, diez minutos dan para muy poco. Una confesión: yo no me acuerdo de nada de lo que dije. De nada. Sólo sé que alguien me preguntó por Manel, la cultura anglosajona y la falta de letras políticas en nuestro entorno.

Pero como Oliveras y Nativa dan una segunda oportunidad, aquí van cuatro apuntes sobre lo que quise haber dicho:

Los noventa

Olga Abalos, mi compinche durante el debate, apuntó a la necesidad de una música crítica que reflejara el contexto social que vivimos. Olga se refirió al punk como ejemplo de estallido cultural que desbordó su lugar natural -el estrictamente musical- y permeó a todos los ámbitos de la cultura de masas. De ahí, Abalos lamentó la apropiación del movimiento por todos los canales y circuitos comerciales, algo que, por otro lado, ha pasado con todos y cada unos de los ejemplos que se nos ocurran que hayan transitado por el mainstream: con la cultura de masas no se tontea, esta te absorbe con mayor o menor gracia.

Su referencia me hizo pensar. Olga se refirió a la desvirtuación de varios emblemas punk como una problemática inherente de nuestra cultura. La premisa de que lo que se propaga pierde valor. Olga lo apuntó con la pasión del que ama la música, claro. Pero se equivocaba. Bueno, nos equivocamos todos en no centrar más el debate en eso: en el papel de los medios ante un movimiento cultural incipiente (una subcultura, en este caso). Sarah Thorton lo teoriza inteligentemente: el mito de que la subcultura (insertese aquí “cultura underground” / “cultura subterranea” / “movimiento independiente) trasciende sola sin los medios de comunicación es, precisamente, un mito. La industria cultural y los medios culturales están ahí desde sus inicios. El tema es qué hacen con estos.

el mito de que la subcultura trasciende sola sin los medios de comunicación es, precisamente, un mito.

Olga habló de los ochenta para referirse a música. Yo debo señalar a la década de los noventa como momento transformador en los medios de comunicación, que inciden directamente sobre la cultura domesticada que tenemos hoy en día.

Si el movimiento subcultural es un emblema desde que se conoce la subcultura, el medio de comunicación -y más adelante- el evento cultural pasarán, en nuestra ciudad, a apropiarse de esa pátina de autenticidad que se le exigía al conjunto de prácticas artísticas. Se dan, a partir de 1990 dos situaciones más que comunes entre aquellos que trabajan en cultura:

a. “No te podemos pagar pero publicarás en un medio que mola” o el auge las revistas de tendencias: La marca de autenticidad que se le presupone, por ejemplo, a un movimiento musical se amplía a los medios de comunicación culturales o de “tendencias” -una nomenclatura cuyo análisis requiere mucho más espacio del que dispongo aquí-. En paralelo se inicia un proceso de precarización del periodismo cultural. Esto genera un fenómeno perverso: pese a que el medio cultural (léase, revista de tendencias, tan en boga en los noventa) se plantea como una cantera para nuevos talentos o jóvenes que quieren dar unos primeros pasitos en el medio, se normaliza el trabajar gratis. El medio se vende como lugar dónde decir lo que se piensa -al fin y al cabo, no se paga, así que, por qué no-, pero las voces disonantes son excepción. La hegemonía prima esencialmente en la falta de pago o el pago simbólico por un trabajo competente, al que se van sumando no solamente esos “jóvenes talentos” sino firmas reconocidas también. Al fin y al cabo, si lo que mola es escribir en X, la firma se lo puede permitir.

El sistema de fuerzas culturales en el que nos movemos no acepta la crítica porque no la necesita.

b. “No te podemos pagar pero trabajarás en un sitio que te gusta”. En lo que a eventos culturales se refiere, de la situación (a) se puede añadir esta otra (b). La precarización en cultura es común, así que festivales, muestras y demás adoptan la misma táctica paralela. En ocasiones se da incluso el desdoblamiento laboral. El plumilla es a su vez trabajador de la empresa cultural que produce un evento por lo que la connivencia es absoluta.

c. “Cuidado con lo que escribes o no te acreditamos”: Si el periodista está precarizado y el evento/discográfica/editorial lleva las riendas porque puede, ¿quién puede esperar una cultura crítica? El Forum centró muchas de sus energías en relacionar cultura con oposición política -que no es un tema baladí-, pero la raíz de esa “domesticación” a la que aduce el titulo del debate está en el propio conjunto. El sistema de fuerzas culturales en el que nos movemos no acepta la crítica porque no la necesita. Un periodista común no va a jugarse su futuro pan por una crítica a 30 euros la pieza, ni se espera que sea así. No se sabe dónde acabará trabajando. De ahí el titánico esfuerzo de leer entre lineas ante cualquier ejercicio de crítica literaria o musical. No hay lugar para otra cosa que la sutileza o las medias tintas.

d. “Eh, tío, somos amigos”: La pequeña plaza que es nuestro entorno da, también, otro fenómeno común, el de la endogamia cultural. Pretendidamente más inofensivo pero igualmente perverso, especialmente en los sectores independientes. Ante la precarización, se asume la lucha, y en esa lucha se presuponen unos compañeros. Es un error común del periodista y del gestor independiente asumirse como compañeros de viaje en demasiados frentes. Un periodista cultural puede tener simpatía por la cultura independiente, incluso fomentarla y auparla, pero no debería cerrar los ojos cuando tiene que ser crítico, es decir, cuando tiene que hacer su trabajo. Todos hemos vivido casos de ofensas y, sobre todo, casos de autocensura.

a, b, c y d son las situaciones con las que debe lidiar un trabajador de un medio periodístico, un corresponsable de la “domesticación” de la cultura, es decir, de la gente. Si esto no da para la acción política dentro de nuestro sector, francamente, no sé qué lo hará.

Més informació:


4 Respostes

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  1. Home ínfim says

    “No se si existeix cap moviment (musical) que reculli aquesta inquietud general”… No escoltes gaire rap, oi? Joder…. mira que era fàcil. Suposo que es la diferencia de passar la majoria del teu temps a Gràcia o Ciutat Badia….

    Arrancarem la cultura d’arrel, per fer crèixer noves flors….

    • admin says

      Comentari de moderador: comentaris i crítiques les que vulguis, Home ínfim, però sàpigues que sóm una mica tiquismiquis quan es tracta de desqualificacions personals.

  2. Anacuatre says

    Moderador, m’encanta l’educació que demostra el teu comentari d’advertència sobre les línies mestres del vostre estil a l’Home ínfim. Felicitats.

  3. home ínfim says

    … passar temps a Gràcia… de veritat això és ofensiu?? En fí.
    En altres paraules:
    La pluralitat del missatge més contestatari a nivell polític la podem trobar arrelada en influències d’origen afroamericà com el rap. Clars exemples del moviment són AZSMA o ZÉ FUGA, boníssimes autoproduccions molt conegudes en algunes zones on el capítal econòmic, relacional i cultural és dels més baixos del país. Aquests dos grups produeixen en cc, amb descarrega gratuïta. Ah! per cert. Mai han actuat a Gràcia…
    Salut i tolerància!



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