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La innovación es el nuevo virtuosismo

Escrit el 06/05/2012 per Nando Cruz a la categoria Artesania i creativitat, El ruido de fondo.
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Hace sólo 15 años yo estaba convencido de que la evolución era el baremo supremo para juzgar una obra musical. Si proponía algo nuevo era buena. Si no, perdía puntos. No era el único crítico musical que pensaba así. Esta máxima es prácticamente una viga maestra del gremio. Y muchos músicos han vivido también obsesionados con esa necesidad de aportar algo nuevo. De hecho, hubo una época en que hacer versiones era un pecado capital y las influencias se escondían bajo la cama como la ropa interior sucia.

Seguimos oyendo a músicos que defienden su aportación ondeando la bandera de lo nunca visto, pero diría que el cambio de siglo ha rebajado algo esa obsesión. (Una obsesión que yo vinculo a la tensión pre-milenio que nos empujaba a imaginar el futuro cuanto antes). Hoy muchos de aquellos innovadores repentinos crean desde una posición más relajada, mirando más hacia dentro, y sin esa intención tan encomiable de avanzar que a veces sólo era un impulso superficial de desmarcarse de la manada. Y es que, a menudo, mirar alrededor o, incluso hacia atrás, es la mejor forma de tomar impulso. Que se lo digan al público que vio a Jason Moran en Terrassa.

Hoy muchos de aquellos innovadores repentinos crean desde una posición más relajada, mirando más hacia dentro

Ya hacía unos años que relativizaba esa fijación por lo nuevo cuando alguien soltó en un desayuno de Indigestió la, para mí, frase de ese año: “El concepto de innovación ya no me interesa. No es un término absoluto sino relativo; algo es nuevo o no según tus conocimientos”. A veces la obviedad más descomunal tarda lustros en manifestarse con tanta claridad. Pero, ante tamaña evidencia, hoy podríamos rebatir el 90% de “nuevas” creaciones.

Todo esto viene a cuento de los intermitentes debates que se generan sobre el agotamiento de la cultura pop. Me temo que son tan antiguos como el mismo pop. Seguro que los Rolling Stones generaron tertulias sobre la cultura del plagio y el reciclaje del rhythm & blues en los años 60. Vivimos en una época de continuo reciclaje, pero si hoy es más vistosa quizá sea por acumulación de pasado. ¡Tenemos cinco décadas para elegir! ¿Es positivo tanto reciclaje? No. ¿Es exclusivo de nuestro tiempo? Tampoco.

El escritor y crítico de arte Stewart Home afirma que “el capitalismo está obsesionado con su propio pasado”. Yo diría que está obsesionado con su incierto futuro: tan obsesionado está con su supervivencia que nos vende el pasado como algo nuevo. El capitalismo sólo subsistirá mientras haya consumo. Y para vender no hay mejor reclamo que la expresión nuevo, tan omnipresente en la publicidad. De hecho, si vivimos tan avergonzados en esta era de la cultura reciclada es porque antes nos han inculcado que mirar al pasado es pecado y que el futuro siempre será mejor. Todo un acto de fe.

Son las reglas del sistema capitalista, del que la industria del pop y aledaños participan con evidente entusiasmo, las que nos adiestraron para aplaudir ciegamente lo nuevo y rechazar lo viejo; a menos que alguien decida que eso taaan viejo tiene hoy una renovada vigencia: toma pirueta. El capitalismo desprecia el pasado, intenta convencernos de que lo que ya hemos vivido no vale nada, de que lo mejor es lo que aún está por llegar. El joven mola porque tiene futuro. El abuelo sobra porque sólo tiene pasado. Todo lo que tenemos, todo lo que hicimos, todo lo que fuimos no importa… a menos que sea útil para vendernos algo nuevo. O revendernos algo viejo. Entonces, el capital de recuerdos y vivencias individuales se transforma en nostalgia. Entonces la memoria sí es útil. Y así nos hacen ir: con la lengua fuera y el cuello dolido de tanto mirar a izquierda, derecha, delante y atrás.

Si algo define nuestro tiempo es la imposibilidad de acotar lo que está ocurriendo culturalmente. Jamás podremos volver a saber todo lo que sucede en un año.

Si algo define nuestro tiempo es la imposibilidad de acotar lo que está ocurriendo culturalmente. Jamás podremos volver a saber todo lo que sucede en un año. Por ello, también el término innovador es más subjetivo e indemostrable que nunca. Es esa medalla que se colgará sin rubor hasta el más tonto de la clase. Así pues, para romper con la dictadura del último grito, quizá sería saludable relativizar es ciego culto a la novedad. Al fin y al cabo, la fecha de edición de un disco es sólo un dato. La innovación de una obra es algo a admirar, claro, pero también es una suposición que deberíamos confirmar bastante más detenidamente. Con tiempo.

En fin, que recordando esas cosas que valoraba tanto hace 20 años, recordé también una que detestaba: el virtuosismo. Y pensé: ¿y si toda esta obsesión por la innovación es sólo una nueva forma de virtuosismo, un recurso más para exhibir genialidad? Igual que antaño los guitarristas nos deslumbraban con infinitas digitaciones, hoy para ganarte la admiración hay que anunciar otro sonido, una textura distinta, una combinación inédita de influencias, incluso un revival inesperado… La evolución está implícita en el arte, pero si antepones la exhibición personal, ¿no estás renunciando a un valor tanto o más esencial como es el de comunicarte con el colectivo?

Y a partir de ahí, la avalancha de dudas. ¿Y si redundar en una línea te da margen para profundizar más? ¿Y si la presunta innovación sólo te aleja de la buena senda? ¿Qué es más productivo: indagar en uno mismo hasta descubrir tus virtudes, exprimirlas y extraer de ellas algo a lo que nadie más tiene acceso o andar siempre esquivando tu sombra? ¿Qué comporta más riesgo creativo: el cambio constante o divagar siempre alrededor del mismo metro cuadrado? Y ahora que caigo, ¿las culturas de otras latitudes, con un legado musical tanto o más interesante que el nuestro, conceden ese valor tan supremo a la innovación? ¿Lejos de primer mundo se da tanta importancia a la escala temporal a la hora de enjuiciar la obra de un artista?

Y a partir de ahí, la avalancha de dudas. ¿Y si redundar en una línea te da margen para profundizar más? ¿Y si la presunta innovación sólo te aleja de la buena senda?

Por si acaso, remarco que no quiero menospreciar la utilidad social el artista innovador. Faltaría más. Y, aún menos, de aquel que con su visión nos invita a evolucionar en nuestra capacidad perceptiva. Si acaso, trato de poner en evidencia a aquellos para los que la innovación es sólo un recurso para mostrarse únicos porque sí. Pero, sobre todo, pretendo reivindicar ese hábito tan mal visto socialmente de mirar atrás, de detenerse a reflexionar, de no dejarse llevar por la cinta andadora, ese diabólico artefacto que tienen todos los gimnasios y que define como ningún otro el signo de los tiempos: correr, correr, correr sin moverse. Quietecito se puede avanzar mucho más.

Últimamente disfruto más de la mirada personal de esos músicos que exploran al margen de la escala temporal que de los que crean mirando el calendario y los progresos de sus compañeros de oficio, como si todo fuese una competición por ver quién es más listo, más rápido, más ingenioso, más distinto. Pero, claro, siempre cabe la posibilidad de que toda esta parrafada no sea más que un vano intento de intelectualizar la evidencia de que uno envejece, poco a poco se desconecta de la rabiosa actualidad, va perdiendo la energía necesaria para seguir a las nuevas generaciones y empieza a sintonizar más con los artistas tortuga que con los artistas liebre.


11 Respostes

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  1. Julián says

    Hélas, Nando.
    Pasa también que cada disco es un producto y su venta conlleva una imagen, una estrategia. Sea la de innovación, regreso a las raíces, homenaje a algún estilo o músico. Es un jodido callejón. Me recuerda a esa malévola definición que Marsé hizo de Porcel: “Es un esforzado apologeta de sí mismo”.

  2. Marc says

    Quizás también te interesa menos la innovación, porque las músicas que más te atraen en este momento son menos vitales e innovadoras. Es humano.

    En todo caso, el capitalismo se ayuda tanto del factor innovador como del nostálgico.

  3. Roger Vilalta says

    Jo era un dels que maleïa els ossos d’aquells que -com el propi Nando Cruz fa quinze anys- valorava una obra musical segons la seva presumpta càrrega novedosa. Com si la novetat per sí mateixa impliqués res més que el que simplement implica. Com si, en una era de la humanitat -deshumanitat seria més precís- caracteritzada per la caducitat gairebé instantània de qualsevol novedós producte, aquesta qualitat pogués ser precisament lloada.
    En qualsevol producte físic, però sobretot en qualsevol obra d’art, si hi ha quelcom que pot ser especialment destacable, és la seva capacitat de sobreviure i ser útil (parlant d’objectes físics), i de perdurar, de tocar la fibra, de semblar permanentment actual… Si hagués de fer una llista d’admirables i admirades novetats que han acabat al contenidor de rebuig al poc temps de publicar-se no acabaria mai.

    Però això, com bé dieu, precisament això és el que és i ha de seguir essent el capitalisme si vol sobreviure. I l’evolució del capitalisme ens ha dut a una versió de sí mateix que encara fa més un “sense sentit” el valor de la novetat musical o artística; perquè mai com ara en la història aquest -sembla que únic- sistema econòmic possible ha basat tant la seva supervivència en la producció sistemàtica i el malaltís consum de novedosos (i ràpidament caducacles) béns destinats a l’oci i l’entreteniment, de novedosos béns culturals… La paradoxa és que això es produeix en moments de provada incapacitat econòmica de gran part d’aquests compulsius consumidors.

    I posats a desvirtuar lloades i mediàtiques qualitats musicals… de per sí no em diu absolutament res el perfeccionament tècnic i la minuciositat i detallisme compositor del músic. El que em diu és que aquest perfeccionament (o imperfeccionament) musical sigui sincer i, per tant, m’arribi.

    I un darrer apunt. Tot i que la transgressió per sí mateixa tampoc no ha de ser elevada a excelsa categoria, reconec que no puc sofrir la fascinació per la digestió familiar de les propostes d’aquesta tan aplaudida -i nova?- onada musical.

    Bona reflexió, Nando!

  4. Jordi Oliveras says

    He encontrado esto por ahí:

    «Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamene a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones.”»

    —Jim Jarmusch, The Golden Rules of Filming

  5. Xavier Tort says

    Certament la innovació no és crucial però si que -almenys a mi- s’agraeix quan alguna cosa sorprèn: crec que la sorpresa comporta un cert efecte, si se’m permet l’expressió, magnètic, cosa que no ocorre amb les propostes que no ho són per resultar més rutinàries i que per tant comporten més “passivitat” per part de l’espectador. Crec que en aquest sentit la sorpresa, el magnetisme, és un component essencial de l’art en general totalment contraposat al costum o la rutina que, d’alguna manera, li és oposat per entrar més en la dimensió de la tradició.

    Molt bon article Nando!

  6. Aurelio Santos says

    Me ha gustado esta pieza y el comentario de Jordi Oliveras…
    Hay demasiada belleza en el pasado para no tenerla siempre presente en tu inspiración…

  7. Borja Duñó says

    Bona reflexió, Nando!

    La indústria musical ha explotat sempre les idees de novetat i obsolescència per vendre al màxim i que la maquinària no s’aturi mai. Quan ja fa prou temps que aquests discos han quedat obsolets aleshores es poden vendre com a oldies, revival o el que sigui, explotant la idea de nostàlgia.

    La novetat en sí (com dius, sempre relativa) potser no hauria de ser un valor determinant, però com diu el Xavier Tort, s’agraeix la capacitat de sorpresa especialment en les músiques que relacionem amb certa excitació juvenil, experimental o transgressora (i ara que hi penso, potser també perquè busquem maneres ràpides de matar l’avorriment).

    En qualsevol cas, jo també prefereixo degustar la música a ritme de tortuga i no pas a ritme de llebre. Avui en dia la quantitat de novetats és tan bèstia que acaba per atordir i has de renunciar a estar al tanto de tot si vols escoltar alguna cosa amb unes mínimes condicions.

  8. Nando says

    Sigo dando vueltas y vueltas a este tema tan complicado de exponer. No tanto sobre las razonables sospechas ante “lo nuevo” ni sobre el insólito descrédito que tiene hoy eso de mirar atrás como respecto al ambiguo tema de “la innovación”:

    1.- No estoy contra la innovación sino contra la obsesión por la innovación. Pero incluso dentro de la innovación, cada día me repele más la innovación como excusa para desmarcarse del resto. La música se ha convertido en un oficio al que algunos se apunta para destacar por encima el colectivo en vez de entenderla como un espacio desde el que integrarse en el colectivo. Cada día soporto menos el “mira qué cosa más especial he hecho”, el “mira qué único soy”, pero sigo admirando a esos que dicen: “acércate, ésta puede ser otra forma de comunicarnos”. Prefiero la innovación entendida como una invitación a descubrir otras formas de percibir y disfrutar la música, que se adentran en nuevos límites para hacernos partícipes de métodos de creación sonora en su día radicales que hoy ya forman parte de nuestro lenguaje. Pero me temo que bajo mucho de lo que hoy que nos venden como nuevo hay más exhibicionismo individual que exploración en pos del colectivo.
    Entrevisté a Autechre en Sónar-1996 y rechazaban considerarse un grupo experimental. Ellos sólo reaccionaban a los estímulos sonoros de la realidad (el ruido de los coches, por ejemplo) y creaban música en función del entorno en que todos vivimos. En 2008, Carsten Nicolai me decía que la labor de Autechre permite que hoy consideremos música accesible cosas que hace una década nos parecían ruido puro. Ante este tipo de innovación no podemos enrocarnos. Expande nuestra capacidad sensorial. Ensancha nuestras vías de percepción y comunicación… sin atontarnos el ego.

    2.- Por otro lado, no tengo nada contra el pop efímero. Lo disfruto a diario. Componer una canción de tres minutos que te roba el corazón durante una semana es una aspiración muy elevada y tiene un mérito infinito. Y ese tipo de pop tampoco es víctima del concepto tiempo: no busca la eternidad sino la comunicación inmediata. El pop, al fin y al cabo, es como el pan. Cada día se hornea igual, cada mañana está crujiente y pocos días después está duro; o blando. El proceso siempre es el mismo, pero nada en esa rutina nos aconseja erradicarlo de nuestra dieta. Más bien es su base. Y su función es tan valiosa como la de esas otras canciones que perdurarán eternamente.

  9. Santi Mf says

    Nando,
    al meu entendre, el que dius al final és la rúbrica que fa que el que dius des del principi fins al final sigui, a més d’intel·lectualment raonable i dialècticament notable, intuïtivament clarivident. La veritat, si existeix, s’ha de sentir. Si a més a més en part es pot explicar “intel·lectualment”, doncs perfecte, tu. Però primer s’ha de sentir, intuïr, notar. Als que ens han educat sota (la imposició de) el paradigma racional (els europeus), això de sentir/notar/intuïr d’entrada ens grinyola, perquè sembla “poc serio”. A més, quan s’exercita la crítica musical, sembla que es fa precisament el contrari: intel·lectualitzar una expressió, un discurs, que és en essència emotiu (música pop, amics), i dotar-lo d’un bastiment racional que sovint genera contradiccions irresolubles.
    El punt de comunió entre el sentiment -la intuïció- i el coneixement -la reflexió- és un privilegi posseït per pocs, però pel que llegeixo en el teu text per cada vegada més. Recordo que fa 15 anys el paradigma era, efectivament, el que descrius. I latent hi havia la contradicció entre innovació i tradició, com casaven? Neil Young sí, Springsteen no? O també? Black Crowes sí, o no, o depèn? I així, fins a l’extrem. Millor una bona idea mal resolta que una vella idea ben resolta però suada? És horrible el “Reckless” de Bryan Adams? Més que un disc de Menswear? I, per sobre de tot, quant ridícules són aquestes comparacions, aquest mesurar la vàlua de la música pop en termes comparatius, de domini i dominat?
    A poc a poc, a mesura que el paradigma racional va perdent el monopoli (la cosa va començar -a Europa- principis del s.XX, amb la fisica quàntica, però avança desesperadament a poc a poc), la raó ja no d’idolatra com aquella mena de llum universal que ens guiarà cap a la veritat, sinó un mecanisme d’anàlisi i coneixement, però no l’únic ni necessàriament el més fructífer. Aquí és on entra, de nou, a la palestra, la intuïció, la sensació, el sentit, tots aquells matisos que, paradoxalment, havien quedat tan desacreditats quan, en realitat, es fa difícil d’imaginar un sol melòman que no entrés en la passió per la música per la via de la intuïció, del “com m’agrada això”, “com em commou”, “com vibro”, “tiene flow”, “quina canya”, “es lo más”, etc, expressions de llenguatge espontani que reflecteixen alguna cosa més que un discurs de causa-efecte racional i positivista.
    Celebro el teu post, em sembla brillant. Celebro la connexió, que mai ha deixat d’existir encara que no s’analitzi en les crítiques (i és obvi el per què: corporacions, etc), entre la cultura, l’economia, el paradigma dominant i les forces discursives que pauten, molt subtilment de vegades, molt poc d’altres, el que toca dir i el que no.
    La música, i per això m’agrada tant, no té patrons. La música es, i com a tal existeix. Escolto una cançó i em genera una reacció. I l’escolto, esclar, en un context. Per això vaig avorrir de seguida els festivals de música, perquè era un context que, en general arruinava l’experiència de sentir la música amb la peculiaritat dels detalls. És com el que dius del bolero, un bonic exemple de com la música no és només el que sona, sino el que sona i on sona i com sona i de vegades perquè sona. Tot això a les crítiques sol passar desapercebut perquè, al meu entendre, i aquí torno a l’inici del meu comentari, en realitat el problema és que s’ha pretès intel·lectualitzar l’anàlisi d’una expressió que és essencialment espontània i emotiva.
    Una abraçada,
    Santi

  10. Manel Cano says

    La única obsesión de un artista-creador (léase sin atisbo de rimbombancia) debería ser conseguir una buena obra de arte (tendiendo a la utópica perfección). No importa el lenguaje que use, lo innovadora que resulte, su tamaño (el tamaño no importa), o lo más o menos popular que pueda resultar. Una buena obra de arte soporta cualquier crítica objetiva. (Las críticas deberían serlo; o, al menos, tender a una utópica objetividad).

  11. Marc says

    Manel, vamos a poner a prueba la objetividad.

    Para mi “Conteo” de Don Omar es un buena obra de arte. ¿Cómo lo ves?
    http://www.youtube.com/watch?v=kMqeNjEpvRM



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