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El don de la oportunidad

Escrit el 18/07/2013 per Lucia Lijtmaer a la categoria Una más y nos vamos.
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De vez en cuando debe haber alguien que diga lo que piensa y lo que ha visto de manera inmoderada, con escándalo y con rabia, por mucho que la vehemencia con que lo haga le devalúe académicamente o le haga políticamente inservible. Qué se le va a hacer.

Manuel Delgado, La ciudad mentirosa

 

No hay marcha en Nueva York/ Y los jamones son de York

Mecano

 

A mí me gustan las movidas de las bodas yanquis para verlas en televisión. Me gusta todo: desde el vestido, las damas de honor, lo que van a comer los invitados… si hay un cisne tallado en hielo, pues mejor. No sé que tienen, pero  es poner un programa de bodas yanquis, y ya puede estar el jefe del Constitucional empantanado hasta las cejas, que ni me inmuto. Aparta, le diría. Quiero saber si el zapatos es color perla o marfil.

Como no poseo una televisión, cuando tengo una a mano el canal Divinity es mi camello, mi alcantarilla. Y el otro día, trasteando ese submundo, descubrí Cambio de Look. Cuando digo “el otro día” es exactamente mientras Pedro Jota Ramírez daba la orden de imprimir el “sé fuerte, Luis” en la primera plana de El Mundo. En ese preciso intante. Mientras Pedro Jota daba la orden, yo contemplaba a una ama de casa del medio oeste ser convencida para que tirara su ropa de mal gusto por un tubo aspirador mientras sus dos mejores amigas le explicaban por qué tenía que dejar de ser quien es y ponerse bajo urgente tratamiento estilístico. [nota mental a la protagonista: yo de ti redefinía el concepto ‘amistad’ cuando salgas de antena]

Hasta aquí, todo claro. No tiene más. El ama de casa llora un poco, accede y tras elegir entre un guardarropa y tres peinados sale convertida en un clon de lo que el espectador medio del programa cree que es una mujer más guapa. Las amigas lloran, ella llora, la familia llora. Pero en Cambio de Look surgió un momento en ese tránsito que me escamó (más allá de lo evidente, claro. Parto de la base de que suspendemos cualquier noción de conciencia de género desde el momento en que le doy al canal Divinity).

En esta narrativa, había algo anterior al programa, algo en su propia historia, que desencadenaba esa “dejadez” de la protagonista por su aspecto físico. Podía ser un cáncer de pecho que le hacía no llevar escote, una madre yonqui internada que le daba pesadillas, una hija paralítica que no le deja tiempo para la peluquería. Eso sentaba, para el programa, la base de todo. Ahí es dónde mi visión de espectadora sintió que las alarmas saltaban, narrativamente. ¿Por qué no tiene tiempo esta mujer de ir a la peluquería y cuidar de su hija? ¿Por qué esa otra mujer que ha sufrido una mastectomía no ha ido a ver a un psicólogo? ¿Por qué la de la madre yonqui no ha hablado con un especialista para ver cómo distanciarse de ese fantasma en su pasado y poder ponerse una falda tranquilamente?

Porque no tienen dinero, claro. Porque son de familias humildes, viven en Estados Unidos y no tienen acceso a un sistema sanitario justo ni a la información adecuada. Es muy sencillo de ver, ¿no? Sus amigas han llamado a un programa y creen que con unas fundas en los dientes, un lip gloss nuevo y un planchado de pelo, su protagonista se sentirá más guapa, irá con otra pinta a las entrevistas de trabajo, conseguirá algo mejor, tendrá más dinero, follará mejor con su marido y cuidará mejor de su hija, madre, perro, lo que sea que conforman su día a día. Es un silogismo que funciona. Si te sientes bien, te irá mejor.

Este tipo de (falta de) elaboración se le perdona a quien vive engañado (es decir, las dos amigas y el entorno inmediato de la protagonista, que, presumo, no saben qué es la seguridad social porque no la han visto en su vida). Pero es reprobable para quien conoce algo mejor, lo disfruta y no lo defiende cuando se lo quitan. Eso me hace pensar varias cosas, siguiendo un razonamiento no mucho más sofisticado:

1)    Viendo un programa infame de la tele, a mí me resulta inevitable acordarme de los derechos de los demás. No soy ninguna chalada, solamente vivo en este país durante julio de 2013.

2)     Un artista de promoción que concede una entrevista conoce perfectamente las reglas del juego, y emite su discurso sabiendo qué recibe el lector.

3)    Si ese alguien dice que “lo fácil” en estos momentos es “cantar contra banqueros y políticos”, es porque hay algo más difícil, más importante.

4)    Pero los que cantan contra los bancos son respetables.

5)    Bueno, no tanto. Son oportunistas.

6)    Por tanto, alguien se ha subido al carro de estos que cantan contra los bancos. Son unos “nouvinguts”, no son auténticos. Son unos aprovechados, su conciencia de la situación actual no mola, porque no es de primera hora.

7)    Lo importante es ser artista y hacer buena música.

De todos estos puntos, el tercero es el que más me impresiona. Llevo dos días preguntándome cual será esa proeza, esa tarea ingente, ese sacrificio por los demás ante esta crisis que está haciendo David Carabén. Imagino que promocionar un banco tendrá algo que ver. O igual es que quien no defiende lo que nos quitan es porque no cree que sea necesario. Según esta premisa, la tarea del artista no tiene nada que ver con el mundo real sino que está buscando algo mucho más refinado en lo que ocuparse. A ratos admiro esa postura, esa maravillosa manera de no dejarse tocar por lo que pasa. De hecho, la envidio, porque a mí ya no me sirve ni la telebasura para distraerme de toda esta mierda.


2 Respostes

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  1. escuderopedro says

    Molt ben dit.
    Independentment del que creguis important:
    Qui es fa amb gentussa i parla com gentussa, acaba sent gentussa.
    Res més a afegir.

Continuant la discussió

  1. L’oportunitat d’un gos | Nativa linked to this post on 26/07/2013

    […] Article de David Carabén, en resposta a “El don de la oportunidad” […]



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