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El recorrido conjunto como punto de partida

Escrit el 28/09/2013 per Lucia Lijtmaer a la categoria Una más y nos vamos.
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Hi ha una versió en català tan original com aquesta

Me dice alguien que parece bastante feliz que ha dejado de ir a ciertos sitios porque le recuerdan a épocas muy concretas de su vida pasada en Barcelona. Poco a poco, explica, ha ido recortando sus lugares de paseo, hasta que se han convertido en ejes muy determinados. Antes eso me hacía gracia.

De mis recuerdos mezclados:

El Ateneu Popular de Vallcarca, aquella vez que llevamos a aquella chica que vomitó hasta el apellido. Los conciertos en la Reina de África. Tocar la puerta del Albricias fuera de horas. Una reunión en el centre cívic del Coll, pasado el puente, ¿te acuerdas? Deja que siga, debo seguir, si lo recordamos existe, si lo recordamos pasó. ¿Saben estos chicos que los centros cívicos habían sido foco de resistencia? Calla, o sigue, pero decídete. Caernos al suelo en el parque de la Pegaso, muertas de risa, muertos de risa, quién estaba, te acuerdas, el planetario de la Barceloneta donde alguien se colgó de la araña de cristal, el Punto Ciego en Ramón y Cajal, juran que detrás había una chica que recitaba a Vallejo y cantaba con acordeón, como la rusa de aquel local de la calle Girona, la Rosa Blanca, era tan blanca la rusa, chiste fácil, ¿no te lo han contado, eso, tampoco?, la rusa tenía secretos eternos, secretos que hacían que se te erizara el pelo de la nuca. La biblioteca de cuatro libros en la calle Niza, arriba, en el Guinardó dónde cambiábamos libros por cigarrillos, el loco del Paralelo en el Paralelo que llevaba peluca y le arreglaba los abanicos a las vedettes, Eddie magnífico en cualquier punto de las Ramblas, el mar que no olía a mar llegando a Sant Adrià, un portal al lado de Herón City dónde se te rompieron las medias y alguien dijo vámonos al Clot a escuchar a los Chichos.

Recuerdo 1 (ordenado). Años después.

R. y yo caminamos de noche, con el asfalto mojado bajo nuestros pies, tras un concierto en el bar Pastís. El Pastís me recuerda a cuando estudiaba. No hace frío y ha dejado de llover. Le cuento que cuando rodeo la zona de la iglesia del Pi, siempre me pierdo. Pienso que estoy yendo hacia las Ramblas y en realidad camino rumbo a Vía Layetana. R. se ríe de mi desorientación de pato mareado. Huele a lluvia.

Recuerdo 2 (también ordenado). Años después, también.

M. y yo caminamos, esta vez de día, por la zona de Pedralbes. Trabajamos en una redacción, y éstas a veces están ubicadas en lugares inhóspitos. Mediodía soleado, hastío laboral. A nuestro alrededor, tiendas de lencería cara, charcuterías con productos franceses, peluquerías para rubias. Fumamos despacio y bordeamos un parque de infancia, embarrado. M. me dice: “Hay aquí un edificio que parece de Londres, las tejas son grises”. Es curioso, a mí también me lo había parecido. Sólo el edificio. Nos reímos. “Si miras a los lados, ya se ve que es otro lugar, que estamos en el jodido Pedralbes”. Y seguimos mirando el edificio, con la vista recortada, para no ver a ambos lados.

* * *

Una vez escribí en un libro: “se dice que el ‘efecto burbuja’ se da cuando no puedes relacionar dos puntos de un mapa fuera de esa representación abstracta”.

Ahora, pasado el tiempo, se me ocurre que ojalá los espacios -y me refiero a la ciudad en sí y aquellos que la habitamos-, no fueran compartimentos tan estancos. Que esa mirada cerrada se haya convertido en bandera de la que jactarse (“yo no paso la Gran Vía”, “jamás he pisado Sarrià”, “No conozco Vallcarca”), me aparece ahora como una señal tristísima de algo inhabitado.

Lo que no transitamos no lo conocemos.

Ahora que aparecen multitud de voces comunes que reivindican la cercanía en la solidaridad (también afectiva) pienso si no será el momento de romper una lanza también por la curiosidad. Aquella sensación de excitación y disfrute ante lo desconocido, ante lo que está por venir. Si una parte de mi pasado en esta ciudad -que era libertaria, rara y juguetona- se me antoja maravilloso es porque lo transité. La cultura, como todo, es recorrido. Qué alegría darse cuenta de que la propia nostalgia no es corta. Tanta riqueza común compartida por el tránsito puede ser un buen punto de partida.


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