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La caída

Escrit el 25/01/2015 per Marta Vallejo a la categoria Postals de Yakaar.
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Cometas:

Cuando llega la primavera sopla el viento en Alejandría. No es cualquier tipo de viento, es un viento obstinado que barre toda la ciudad, se cuela por las rendijas de los edificios, te despeina las ideas, arremanga las faldas de las mujeres y las ghalabeyas de los hombres.

Cuando llega la primavera y sopla el viento en Alejandría, el cielo se llena de cometas. Los niños y los que han sido niños salen a la calle armados de cometas hechas a mano. Estructuras de caña y plástico con largas colas de puntillas que bailan entre las nubes. A veces bailan suave, a veces bailan fuerte. Menean la cola al ritmo del viento cuando llega la primavera en Alejandría.

Cuando llega a primavera y bailan las cometas en Alejandría, empieza la temporada de pesca de arrastre. Pesca de enganche en los cables del tranvía y en los balcones y en las alambradas de los edificios públicos. Porque sucede que a veces, en medio del baile frenético del viento con el plástico, las cometas se quedan suspendidas en el aire, enganchadas a lo que pincha.

Y llega el verano y el viento amansa, el sol revienta las ventanas y calienta el asfalto. El otoño y la lluvia y invierno y la niebla. Y se quedan las cometas desconchadas a la intemperie, casi volando, casi muriendo.

Sueños:

Vivo en un catorceavo piso con ventanas grandes como paredes. Tan grandes las ventanas que cuando hay niebla vivo en una nube. Duermo en una habitación en un catorceavo piso y a veces el vértigo se cuela en mis sueños. Cuando esto pasa sueño, por ejemplo, que me caigo por la ventana. Sueño el descenso por los catorce pisos que hay entre mis nubes y el suelo.

Uno podría esperar, al soñar tal caída, un sueño perturbador y desconsolado. Pero a veces, cuando sueñas en un catorceavo piso con ventanas como paredes, caer en sueños es reparador y agradable. Porque descubres mientras caes que se ha enganchado una cometa en el cable de la antena. Y ves en la azotea de al lado como cotillean un par de vecinas en bata. Puedes asomar la nariz en el palomar de enfrente y colarte en el vuelo adiestrado de una bandada de palomas.

Caerse soñando en Alejandría resulta placentero porque a medio vuelo te das cuenta que hay algo diferente. Cuando vas por el doceavo piso te preguntas porque estás tan tranquila y descubres que contra todo pronóstico, resulta que el aire sopla horizontalmente y te sostiene. Que no te precipitas descontroladamente, sino que al contrario, planeas como una cometa muy poquito a poco. Y despiertas cuando estás a la altura del quinto piso y eres feliz porque has visto el mundo desde la caída.

Foto: Marta Vallejo, del blog Alexandria why?

Foto: Marta Vallejo, del blog Alexandria why?

Caídas:

Hace cinco años en Egipto se partió el calendario y retumbó un rato el mundo. Desde entonces en esta ciudad de cometas y alturas, los años tienen 364 días y un 25 de enero. Aunque a decir verdad desde hace cinco años los años son cada día más cortos porque al 25 de enero se le unió el 18 de noviembre y el 31 de julio y se fue llenando el calendario de conmemoraciones y funerales y elecciones y golpes de estado y victorias y derrotas.

Un puñado de gente se encuentra en Cairo el 24 de enero de dos mil quince, último día del año desde hace cinco años, celebrando los muertos por la victoria de una revolución que sabe a derrota. Llevan pancartas y flores para los mártires de Tahrir. Y por el camino, en medio de una calle llena de tiendas, de compradores y de policías, alguien mata a alguien. Alguien dispara en ejercicio de sus funciones a una mujer que se acuerda de sus muertos.

En plena calle y en plena derrota una mujer empieza a caerse mientras su cuerpo empieza a morirse. Mientras se le mueren las piernas y los pulmones y la memoria, en plena caída alguien la agarra. Un hombre abraza a una mujer que se apaga para que no se muera en el suelo. El último día del año una mujer se cae y un hombre la sostiene.

Abrazos:

Es veinticinco de enero en Alejandría y estamos en la calle. Rodeados de gente que llora y carga el cuerpo de la mujer que ayer caía. Nos caemos todos poco a poco mientras nos vemos las caras cubiertas del velo del estar tristes. Se nos ha instalado una rabia entre las cejas que nos envejece el rostro y nos vacía la panza a la vez que llena la red de pájaros en duelo.

Llegan los amigos y por no hablar nos abrazamos. Nos sostenemos cayendo sabiendo que esta caída no es un tropiezo. Sabiendo que en silencio aquí te caes porque te tiran y se enganchan los cuerpos a las espinas de las flores para los muertos. Nos abrazamos porque sabemos llorar pero no sabemos qué decirnos.

Un amigo ha velado a un viudo durante todas las horas que tiene la noche. Caminamos hacia un café para no estar solos en este paréntesis. Me pide que le diga algo y que me ría. Porque así nos reiremos juntos por el camino. Me dice que no sabe por dónde empezar a construir el plan para los próximos 364 días y le digo que empecemos por hacer un plan para los próximos 60 minutos. Que pensemos en cómo ganar 60 minutos al día.

Una victoria como un abrazo largo en plena caída o como una cometa reseca en medio del cielo.


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  1. Pau Cata says

    pell de gallina! una mervaella! tresors!



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