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Corrección

Escrit el 05/06/2015 per Ramon Faura a la categoria Comentaris al marge.
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Traducción de Correcció

Muchos periódicos coinciden: Trias ha encajado la derrota con elegancia. Y los mismos periódicos coinciden en señalar las dificultades de Barcelona en Comú para gobernar con once concejales. El valor de Trias queda probado por su elegancia; el triunfo de Ada Colau tiene que ser validado por el trabajo.

Una elegancia, la de Trias, algo extraña. Tres días después, otra noticia: “Trías abre la puerta a un gobierno alternativo a Colau si suma PSC i ERC”. Un titular formal. Muy elegante. Si uno se lee con detenimiento el cuerpo de la noticia, se le ocurren otros redactados, más trabajados, quizá no tan elegantes, pero sí más explícitos. Por ejemplo: “Trías no descarta formar gobierno con el Partido Popular”. Y quizás un destacado: “Que lo acepte dependerá de Bosch i Collboni”. A nadie le interesa lo que Collboni pueda decir. Su partido ya manoseó la Constitución con el beneplácito del Partido Popular. En cambio, Bosch, menos elegante que Trias, ha sido tajante: nunca formará gobierno con el Partido Popular. La declaración de Bosch deja a Trias en evidencia. Nos sugiere reformular el titular por tercera vez: “Trias pacta con los amigos de Aguirre y se pasa el procés por el forro”. Sea como sea, queda claro que el abuelo cariñoso de las gafas simpáticas no hace ascos a un gobierno en coalición con Alberto Fernández Díaz, ese chico usadito y con los ojos hundidos, con acento Upper West Diagonal, y poco amigo del mestizaje (sin cofia).

Porche 911 de la colección de Jordi Pujol Ferrusola.Llegados aquí, todo el mundo enloquece. Los resultados de las elecciones sólo se comentan en términos de elegancia. Felip Puig, el mismo día en que Trias se deja seducir por el PP, exige a Ada Colau que no tome decisiones sobre el MWC desde la ideología. No me lo invento. Así lo dice. Con pose ofendida. Me pregunto cuales son los parámetros que tendrían que guiar una decisión política, cuando no hay ideología. ¿El famoso 3%? ¿Las transferencias por las que sus dos hermanos, Oriol Puig y Jordi Puig, fueron imputados? En todo caso, Felip Puig, amigo íntimo de Big Porsche cuatro barras Pujol Junior, Felip Puig el saca-ojos, Felip Puig el tengo-tantas-versiones-oficiales-de-los-hechos-como-mossos-contratados, Felip Puig el del bate de beisbol (super cool), recrimina a Ada Colau su falta de elegancia, y le exige “una aproximación no tan populista y demagógica como la que han hecho durante la campaña”.

Felip Puig beisbolDos días antes, martes 26, un tenso, por no decir crispado, Artur Mas, en una entrevista en Catalunya Ràdio con Mònica Terribas, lamenta las malas formas de la formación ganadora. Lo que digan, lo que piensen, la ideología, no es importante. No se trata de estropear las formas por una simple cuestión de contenidos. El presidente reclama cordialidad. Se siente insultado. ¿A quién se le ocurre acusar de corrupto a nuestra Juana de Arco? ¿Porqué lidera una formación política con quince sedes embargadas? ¡Por favor! ¿Cómo se atreven? ¡Qué mal gusto! ¡Si no se ha demostrado NADA! Y lo dice a pesar de la confesión pública de su mentor y padre fundador. ¿Qué se ha demostrado del caso Banca Catalana? ¿Y del 3%? ¿Y del caso de las ITV? ¿Y del caso Millet o del caso Pallerols o del caso Pretòria o del de Innova? ¿Qué más da que ya en 2009 estuvieran en trámite 30 causas contra cargos públicos corruptos de CiU? (lo relataba el fiscal general Cándido Conde-Pumpido). ¡Qué falta de elegancia! ¡Qué poco fair play!… ¡Así no hay quien juegue al tenis!

La institución se merece cargos más elegantes. Con un sentido más alto de la dignidad institucional. Dignidades como las acumuladas por Félix Millet, que quitan el hipo: Corbata de Isabel la Católica de manos de Juan Carlos I en1981; La llave Barcelona, concedida per Maragall en 1988; La Creu de Sant Jordi, de manos de Jordi Pujol en 1999; Premio Esteve Bassols “Senyor de Barcelona”, concedido en 2005 por la Associació Catalana de Comunicació i Relacions Publiques y la Fundació per al Foment de la Comunicació i el Desenvolupament, ÀGORA; Cruz de oro concedida por la AEFE en 2008; Cófrade de Honor de la Confraria del Cava Sant Sadurní en 2008; y Conciutadà que ens honora en 2008. ¡Eso sí que es elegancia! Amor a las artes y a la patria. Fervorosa devoción por Talía y Euterpe que entre floritura coral y triple staccato de trompeta, supo desviar 3,3 millones de euros en beneficio propio… la de trajes elegantes que se pueden comprar con eso… la de zapatos, la de manicuras. Y sin embargo, aquí los tenéis. Unos piojosos con el pelo mal cardado (¡joder con el peinado de Ada Colau!) que se atreven a acusarlos de ladrones. ¡Qué desvergüenza! ¿Cómo osan? ¡Cómo está el servicio! Imposible encontrar una filipina como las de antes. Ahora todo son criadas respondonas.

Baudry - Terpsichore

Baudry – Terpsichore

Cuando Artur Mas, entre otros, se dirige a Ada Colau como quien regaña a la criada, olvida que también está despreciando a los miles de votos que la han hecho alcaldesa. Miles y miles de criadas respondonas. Pero en fin, no sé por qué tendría que sorprendernos. Al fin y al cabo el ideal de elegancia burgués siempre ha consistido en ocultar el conflicto. Al menos en su origen, siempre se trató de un espejismo que trataba de recrear el aparato aristocrático. Cualquier burgués enriquecido, fuera cual fuera su procedencia, se llamase Colbert de Seignelay, Godó o López, anhelaba como colofón a su escalada social una distinción de nobleza. Y daba igual que la distinción la concediese un rey o un tirano. La burguesía enriquecida imitaba unas formas que no comprendía. La elegancia aristocrática, en realidad un aparato, no era una forma decorativa, sino que formaba parte de un ethos guerrero instalado sobre el conflicto. Si la elegancia burguesa pasaba por enmascarar el origen de su riqueza (los negocios), la elegancia aristocrática pasaba por mostrar con ostentación el substrato violento sobre el que se asentaba (la guerra). Aquí tenéis los escudos de armas, los blasones, los pendones, las armas expuestas en el Gran Salón, los cuadros de Historia con algún antepasado haciendo la guerra, en Mühlberg, en Pavia, en Rocroi. Las celebraciones aristocráticas eran la expresión festiva de la crueldad del campo de batalla que regía y significaba al estamento noble. El torneo, la caza, la danza y el amor cortés eran la escenificación idealizada de los derechos de guerra: el asesinato, el asedio, el pillaje, la violación.

Esclaus amputats com a càstig per no extraure prou cautxuPor contra, el burgués, que debía su poder no a la guerra, sino al comercio y a la usura, y ya en el XX, a la explotación fabril y al expolio colonial, nunca habría tolerado la presencia del trabajo en el corazón de su hogar. Su esnobismo tomaba forma a través de los retratos de familia, de árboles genealógicos sin ningún fundamento documental, cuadros de Venus y no de Marte, a escala reducida, para un castillo de Fontainebleau empequeñecido y encajonado en la planta principal de un inmueble entre medianeras. Evidentemente, en sus paredes no colgaba ninguna hiladora de Crompton, ni la Chicotte (ese látigo de ocho puntas con el que se castigaba a los indígenas del Congo), ni las vagonetas de carbón que en las minas, a veinte metros bajo tierra, empujaban niños de 8 o 10 años. Ninguna referencia a la realidad. Ninguna alusión al conflicto. Si la elegancia de la nobleza de espada se afirmaba desde la exhibición de su espantoso derecho a la violencia; la elegancia burguesa pasaba por ocultar el horror sobre el que se sustentaba su acumulación de capital.

FRANCIS PICABIA 1916-18, Fille née sans mèreLa reacción de las vanguardias contra esta elegancia burguesa del XIX, especialmente en el Expresionismo, primero, y después con Dada, también puede entenderse como un ataque a una estética del ocultamiento. Cuando Picabia pinta un engranaje fabril i lo titula “Hija nacida sin madre” pone en evidencia la obscenidad laboral (la explotación en la fábrica) que el buen gusto burgués pretender ocultar bajo su emotivo esnobismo estético.

En este sentido, siempre me ha parecido significativa una pintura magnífica de Vlaminck, especialmente fea: Sur le zinc. Más allá de los lugares comunes tantas veces convocados en torno al Fauvismo, lo verdaderamente salvaje es la cantidad de pintura que arrastra cada pincelada. Antes que un oleo sobre tela, parece un bajo relieve.

VLAMINCK 1900 SUr le zincEl rostro abotagado de la borracha, sus labios hinchados, la mirada estúpida, nos hablan de los estragos del trabajo. Y también lo hacen las pinceladas, que en su brutalidad nos remiten a los esfuerzos del artista, al trabajo en estado puro del pintor moviendo materia pictórica de la paleta al lienzo. De la pintura de Vlaminck al Dripping de Pollock no queda tanto. En ambos casos es el proceso lo que el artista pone de relieve. La obra se convierte en el rastro de una confrontación. El trabajo en su sentido literal (el producto entre la fuerza ejercida sobre el cuerpo y el desplazamiento al que es sometido este cuerpo) se convierten en el verdadero tema de la obra.

Está claro que Sur le zinc no es un cuadro elegante. También lo está que los burgueses de 1900 (el año en que Vlamick pinta el cuadro) nunca lo colgarían en su salón. Las telas que cuelgan de sus paredes, si son ricos, las firman Buguereau, Cabanel, Baudry (pinturas, por otro lado, exquisitas), pintura sin rastro manual, sin pinceladas, donde el trabajo sólo es intuido por aquellos que saben pintar.

Tampoco el elegante Xavier Trias parece partidario de mostrar el trabajo. Siempre de punta en blanco y con sus simpáticas gafas, no quiere que lo veamos en pleno esfuerzo. Todo transpira en él bondad improvisada. ¿Trabajo?: ¡Eso es feo, hombre!, parece insinuarnos. Sin embargo, mientras habla, mientras llama y felicita, mientras reclama buenas maneras a sus contrincantes, sus subordinados sí que trabajan. ¡No paran! Firman con urgencia tantos contratos como pueden. No es cuestión de quedar mal con los verdaderos amos. ¡Cuánto trabajo! ¡Cuanto papeleo! La Caixa, el BBVA, FCC, el torneo de tenis Conde de Godó, la escuela de negocios ESADE, la empresa de limpieza de Florentino Pérez. La participación en política no es un invento de las CUP, ni de Barcelona en Comú ni de Podemos. La participación en política siempre estuvo ahí. No obstante, se producía entre bambalinas. No las protagonizaban los ciudadanos, sino el orden económico. A oscuras, sin mostrarse, no fueran a quedar como unos maleducados.

 


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  1. Mercedes Coll says

    Bravo “l’elegància” de la veritat ben formulada



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