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De la política del desborde a los políticos desbordados

Escrit el 10/12/2015 per Jaron Rowan a la categoria Ho deixo anar.
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De todos los procesos inéditos que precedieron a las pasadas elecciones municipales uno de los más interesantes fue el que llevó a agentes culturales heterogéneos (diseñadores, artistas, músicos, poetas, etc.) a congregarse en asambleas y grupos de trabajo para pensar y definir colectivamente sus objetivos políticos. Sin que estos fenómenos pareciesen seguir un patrón establecido, pudimos ver cómo en diferentes ciudades las comunidades culturales eran capaces de trascender la nefasta idea de “sector” y unirse para formar un cuerpo político que resultaba novedoso en el panorama nacional.

La expresión del deseo de estos grupos, su capacidad de pensar la escena cultural de forma transversal y de apuntar hacia objetivos políticos concretos superaba con mucho la limitada capacidad de agencia a la que tradicionalmente les habían relegado las instituciones. Resulta particularmente interesante que sus demandas y propuestas fueran mucho más ambiciosas de las que finalmente han recogido los diferentes programas electorales, que en términos generales han sido tímidos y poco destacables en lo que a cultura se refiere. Y si bien este fenómeno no fue generalizado y le podríamos encontrar muchas pegas, con su actuación estos grupos desbordaban tanto lo institucional como las estructuras políticas, marcando la agenda y politizando el pensamiento cultural.

Los desbordes de la cultura nos enseñaron que esa invención administrativa que se ha venido llamando “el sector cultural”, se queda pequeña…

Estos desbordes nos enseñaron que es posible pensar la política más allá de las demandas individualizadas basadas casi siempre en exigencias muy específicas y poco transversales ( ej. más espacios para la danza, locales de ensayo para los músicos, más becas para poetas, etc.). Los desbordes de la cultura nos enseñaron que esa invención administrativa que se ha venido llamando “el sector cultural”, se queda pequeña cuando los agentes que participan de forma activa en la producción cultural contemporánea son capaces de articular su pensamiento con los vecinos y vecinas, con los gestores y los técnicos, con actrices, actores, pensadoras, activistas y espontáneos. Hasta las diferentes campañas electorales se vieron afectadas por este nuevo cuerpo político, que jugó un papel crucial en las semanas que precedieron a los comicios. De estos encuentros surgieron propuestas políticas que terminaron por entrar en los programas oficiales y, en diferentes ciudades, se organizaron conciertos, recitales, actuaciones y performances callejeras que complementaron los diferentes actos de campaña y los dotaron de identidad cultural.

Pasadas las elecciones estos movimientos se han ido desdibujando de forma paulatina y en ocasiones parecen desaparecidos. Esto no sorprende. De todas las personas que configuraban estos grupos algunas han vuelto a sus quehaceres diarios, otras se han integrado en los equipos de gobierno, y otras más se han quemado en las asambleas interminables y los grupos de Telegram imposibles de seguir. Los cuerpos se cansan. En ocasiones se recela del papel que la cultura ha terminado ocupando en los planes de gobierno o se lamentan los escasos cambios que están realmente materializándose en lo que a política cultural se refiere. Las expectativas estaban muy altas y los tiempos del gobierno son incompatibles con el deseo de transformación social a corto plazo.

En este proceso la ciudadanía ha pasado de ser un cuerpo político empoderado capaz de establecer la agenda a aceptar que ha delegado la toma de decisiones

En lo que respecta a las declaraciones en prensa y apariciones públicas de los nuevos representantes políticos, podríamos tildarlas de cautas. Parece que en cultura nadie quiere mover pieza. El pasado 21 de noviembre tuvo lugar en el TEI de Tenerife un interesante encuentro con el título de “Política, ideología y gestión de la cultura”. Organizado por la fundación Pedro García Cabrera, el encuentro ponía a debatir a la comisionada de cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Berta Sureda, al director general de Programas y Actividades Culturales del Ayuntamiento de Madrid, Jesús Carrillo y a una de las responsables de la concejalía de Participación e Innovación Democrática del Ayuntamiento de A Coruña, Natalia Balseiro. Tanto en este como en otros encuentros similares se ha puesto de manifiesto que estos políticos notan esa falta de una base social que les siga acompañando pasado el periodo electoral. Son políticos enfrascados de forma frenética en su trabajo que empiezan sentir las constricciones de la la jaula de hierro weberiana. Da la impresión de que hemos pasado de la política del desborde a los políticos desbordados. Convertidos ya en profesionales de la política, con agendas complicadas, con horarios imposibles y con su tiempo comprometido por la gestión de lo contingente, estos representantes viven la trepidancia y la urgencia que implica la política institucional y acusan la ausencia de esa masa social organizada que sea capaz de pensar de forma colectiva y de articular objetivos político-culturales en común.

En este proceso la ciudadanía ha pasado de ser un cuerpo político empoderado capaz de establecer la agenda a aceptar que ha delegado la toma de decisiones. Pasamos de una idea de participación entendida como capacidad autónoma de producir pensamiento político-cultural, a un modelo de participación regulada por ventanilla e identificada con un catálogo de exigencias particulares. Todo esto es comprensible, ya que gran parte de los ciudadanos y las ciudadanas de a pie no se pueden permitir invertir su tiempo en pensar en estrategias de acompañamiento de unos procesos políticos que requieren de tiempo, conocimientos técnicos y jurídicos.

Llegados a esta situación, sería interesante y necesario, sin nostalgia, imaginar formas de acompañamiento capaces de incidir en el proceso político en esta segunda fase

Aun así, el reatrincheramiento de los agentes culturales y la transformación de propuestas colectivas en demandas individuales no dejan de ser preocupantes. Supone el abandono del pensamiento transversal en pos, de nuevo, de las exigencias de carácter sectorial, la vuelta a las figuras clásicas diferenciadas de político versus ciudadano, técnico que distribuye recursos versus sujeto que expresa sus necesidades. De este modo, la política cultural empequeñece y se vuelve a centrar en la distribución de fondos y gestión de espacios.

Llegados a esta situación, sería interesante y necesario, sin nostalgia, imaginar formas de acompañamiento capaces de incidir en el proceso político en esta segunda fase. Es importante pensar formas de articulación que no están basadas en los grupos de trabajo, la consultoría o la demanda de mejoras específicas. Es importante imaginar una forma de participación no delegativa, fuera de las estructuras codificadas. Buscar mecanismos que nos permitan establecer relaciones que no estén basadas en la solución de problemas coyunturales, sino que hagan aflorar las inteligencias colectivas. Debemos definir un papel para la ciudadanía que vaya más allá del de la vigilancia del cargo electo. Debemos, en definitiva, crear los espacios, tiempos y sinergias que nos permitan seguir pensando la cultura en común.


9 Respostes

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  1. Ricardo ColaBoraBora says

    Muy interesante y muy cierto.

    Creo que además de los canales de apertura y participación, hay mucho que decir sobre las propias formas de la administración política de lo publico.

    Se ha asumido el ritmo acelerado y las rutinas de las ¿urgencias? del día a dia, unas demandas, que es lo que tambien habría que cortocircuitar.

    Porque el desborde es con el afuera, pero tambien con el adentro, entre los propios equipos políticos y con el funcionariado.

    Puede que falte (y se que decir esto puede resultar muy injusto) visión y estrategia y creo que en gran medida, arrojo.

    O recuperamos y activamos (al menos en paralelo) una visión de a largo (de legislatura y para la siguiente) o nos quedaremos en un triste y torpe reformista.

    • jaron says

      Richi,
      cuando dices “Se ha asumido el ritmo acelerado y las rutinas de las ¿urgencias? del día a dia, unas demandas, que es lo que tambien habría que cortocircuitar” lo propones en plan moratoria, como vamos a pensar una estrategia y hasta entonces no se mueve nada que no esté ya comprometido o más un pacto entre ciudadanía y clase política, para desactivar el la dinámica “sector le exige mejoras al gobierno” y producir dinámicas de trabajo diferentes?

  2. Ricardo ColaBoraBora says

    Ni una moratoria ni un pacto. Propongo activar ya procesos abiertos, en los que se experimente ese desborde que decíamos desear.
    Unas porque están hasta el cuello con el día a dia, otras porque estamos planificando… Por unas y por otras el código sin abrir.

  3. jaron says

    Corto y pego un comentario que Alberto Corsín me dejó el el fb, creo que aporta una perspectiva interesante: “De acuerdo a medias. Quizás tan urgente como recuperar las políticas del desborde sea problematizar qué les pasa a los “políticos desbordados”. ¿Pues acaso no somos todas personas desbordadas? ¿Acaso no es esta condición – la de persona desbordada – la condición propia que habita todo aquél que habita una organización? ¿Acaso no es el “sujeto desbordado” un común en sí mismo? Todos estamos desbordados. Hay 20 millones de españoles desbordados. Los nuevos “políticos desbordados” no lo están más que el resto. Bienvenidos al mundo real. Un mundo con tiempos y espacios que siempre marcan otros, a los que nunca llegamos, que son permanente y perpetua interrupción, desajuste, agotamiento. El mundo de la institución es el común de la mayoría. Nuestro común se organiza a sí mismo como desbordamiento. La tarea pendiente, por tanto, es la des-organización. No las culturas del común sino su desorganización”.

  4. Ricardo_ColaBoraBora says

    Totalmente de acuerdo con lo que dice Alberto.
    Esta tarea de los municipalismos que tenemos de manera concreta -y la vida misma-, si queremos acometerla en común sólo podrá ser si lo hacemos ampliando-desbordando los límites de las convenciones de cómo se pueden hacer-organizar las cosas, los procesos, las personas. Creo que las formas de relación, propiedad, producción o gobernanza P2P tienen mucho que ver con eso. No tanto entendidas como protocolos (que también), sino sobre todo como modelos mentales que den paso a la co-responsabilidad y lo distribuido, los cuidados y mutualismos, la apertura/transparencia, la falsa dicotomía abundancia/decrecimiento, etc.
    Por eso, no es un problema de las políticas, las funcionarias, las que estamos en los alrededores y las afueras. Es un problema común. El mismo problema, del que hay que saber contemplar distintos matices y puntos de vista, no para hacerlo más complejo, sino para poder abordar-desbordar su complejidad.
    Como nos han demostrado tantos ejemplos en los últimos años (la PAH probablemente el más evidente): PASAR DEL PROBLEMA (SUPUESTAMENTE) INDIVIDUAL, A LA POTENCIA TRANSFORMADORA DEL SUJETO POLÍTICO COLECTIVO.

    • jaron says

      Richi,
      aquí se plantean dos problemas (por lo menos):
      1) desde dentro, cómo desorganizar, establecer agenda, ritmos, relaciones, sensibilidades, etc. propios. cadencias y rutinas que permitan transformar la institución material/afectivamente para que no sea la máquina weberiana heredada (tarea que no es menor)
      2) cómo articular el movimiento/pensamiento de cultura más allá de las necesidades individuales/sectoriales. es decir, cómo pasar de pensar la institución como ventanilla y pensarla como parte de las herramientas para pensar en común. ¿no?

  5. Ricardo_ColaBoraBora says

    Es una doble tarea que se cruza y creo que el reto, es pensar sobre cómo sería, cómo articular ese espacio de enmedio, de encuentro y también de conflicto.

  6. Jordi Oliveras says

    Algunos apuntes un poco locos.

    Sobre los desbordes:

    – El desborde en algunos casos tiene algo que ver con el descubrimiento de un nuevo juguete -el estado por dentro- al que habiamos dedicado poca atención, ¿no?. Todo nuevo juego implica una etapa obsesiva. Quizás tiene que ver también -en la línea del comentario de Alberto Corsin pero pensando en que sí que hay un desborde propio del elemento institucional-, con que este juego consiste en cosas como “encontrar el modelo”, “diseñar la máquina perfecta”, “tenerlo todo ordenado”, y esto produce estrés.

    – A pesar de todo lo que lo criticamos, ¿hemos superado realmente el paradigma del emprendedor? A veces pienso que descubrimos una especie de “emprendimiento en lo estatal” con parecidos inconvenientes al del emprendedor en el mercado -o en el vacío-, uno de los cuales es la ansiedad.

    Sobre este espacio para pensar la cultura en común que propone Jaron:

    – Yo no renunciaría a la fiscalización de lo público desde una perspectiva común. Esto se podría hacer desde un planteamiento distinto al corporativo, y yo creo que es algo en lo que estamos muy poco entrenados en materia cultural. Cuando se hace, en general, suele ser a nivel pasillos. Esto ya era así y creo que aún no ha cambiado.

    – Habría que ver quien es este nosotros al que se apela. Me parece esperar demasiado que desde un nosotros principalmente corporativo, definido por -viejas o nuevas- profesiones, se construya este espacio de pensamiento. Creo que son muy necesarias otras personas con una relación distinta con la cultura para que se de esto. Sin descartar a nadie, ¿eh? Pero creo que el sombrero profesional ayuda poco.

    – Con ello no pretendo ignorar la angustia de quien pretende construir su vida alrededor de la cultura, y la necesidad de organizarse también para esto. Aquí hay un engaño colectivo (la promesa de que se puede vivir dignamente de esto) a revisar. Para ellos, para nosotros, hacen falta planes de choque. Pero no planes de choques específicos para el sector cultural, sinó los mismos que para el resto de la población en las mismas circunstancias.

    Más o menos, escribí hace un tiempo sobre estas cosas aquí: http://www.nativa.cat/2013/06/crisis-cultura-sector-cultural-y-desobediencia/

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