La casa

– Where do we go, my place or yours?
– Might as well go to my place, everyone else does.

– ¿Donde vamos? ¿A tu casa o a la mía?
– Bueno, podemos ir a la mía, todos lo hacen.

The Apartment. Billy Wilder

I.

Uno de mis amigos estaba muy contento porque hace seis meses pudo independizarse por primera vez. Hasta entonces había vivido siempre en casa de sus padres, unos señores encantadores que se meten poco en su vida, y con su hermano mayor que ya se las había inventado todas allanándole el camino del laissez-faire. Pero cuando a mi amigo le salió un curro en el Cairo le dio la economía para pagarse un estudio en el centro. La mar de contento oiga porque además sus vecinos eran muy majos, gente que a veces le invitaba a cenar y gente que hacía como que le daba igual cuando subían chicas a casa y era de noche. Las primeras semanas nos contaba escandalizado lo cara que es la vida cuando pagas tú, haciendo recuento de lo que le había costado la lata de atún y el bote de champú. Y cada vez que nos invitaba a visitarle nos recordaba que el baño no tenía puerta, así que vengan cagados y meados de casa.

La nueva intimidad venía con altibajos porque cayó en enero que es muy mal mes en Egipto, porque se acumulan las visitas a medianoche. Merodean por tu barrio, preguntan a los porteros, cortan la calle, se plantan en tu casa. Si tienes suerte sólo se llevan los ordenadores y el dinero que corra por el piso. Si tienes menos suerte, desapareces. En enero mi amigo se pasó algunas noches en los cafés matando el tiempo hasta por la mañana. Sentados en la mesa de al lado, vecinos con sus niños y sus maletas por si tocaba inspección en el edificio.

Y bueno terminó enero y se relajó la caza al hombre. Lo que vino después fue la temporada de caza de churris y el gozar del pisito en el centro, de la autonomía que da el ser un joven apetecible con habitación propia. Así que todo bien, hasta que con el último sueldo llegó el último mes de alquiler y la vuelta a casa de los padres. Fue bonito mientras duró pero tocaba volver a la comida de tres platos de mamá y a la intimidad adolescente del cuarto compartido.

Hace poco mi amigo ha sabido que le están buscando. Alguien ha podido ver los papeles de un fichero judicial donde dicen que él y una lista de otros nombres que no le suenan de nada están tramando algo. Él no tiene ni idea pero dice la inteligencia de los servicios de inteligencia que ha estado conspirando con otros tantos para derrocar el régimen. Le dice su abogado que se lo tome con calma, al fin y al cabo aquí el más tonto tiene tres condenas pendientes. Pero que por si acaso se busque algún lugar seguro dónde dormir.

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Foto: Marta Vallejo. Del blog Alexandria, why?

II.

Desde que decidí volver a Barcelona, me paso los días haciendo listas de lo que hay que meter en la maleta. Cuando nadie me ve paseo por casa cual poeta ñoño mirando las habitaciones como si fuera la última vez. Comedor balcón cocina ventana baño cuarto grande armario cuarto pequeño escritorio habitación y balcón otra vez. Un piso de mar que se ha hecho casa porque hemos pegado post-its en las paredes de la cocina y porque hemos adoptado las plantas que nos han ido legando los amigos. Es donde sonríen los cuadros que han quedado al final de las exposiciones. Donde duerme la bicicleta que me regaló K cuando todavía nos regalábamos horizontes. Es casa porque cuando uno pilla, los demás le esperamos con el desayuno para celebrar que ha derrotado por una noche esta escasez de sexo tranquilo.

En casa nos disfrazamos de hombre las mujeres y de mujer los hombres y si la fiesta sale bien A se trasviste de estrella del pop y hace playbacks queer seguidos de coloquio con el público. En casa cuelgan los pósters de los festivales que todavía se pueden hacer y las pegatinas de las campañas de apoyo a los presos nuestros de cada día. Casa es luchar en pijama contra las goteras cuando llueve y hacer inventario de lo soñado por la noche mientras M prepara el café. Fumar en el balcón cuando D viene de visita. Es estar en casa sola y ducharse con la puerta abierta. Es insultar a los malos por la ventana y espiar a los vecinos cuando cae el sol y es ramadán.

Es ponerle nombre al piso y que se llame Comuna. Son las conversaciones en facebook cuando E está en su cuarto, yo en el sofá y O viene de camino. Cuando es viernes por la tarde e Y trae las sobras de la comida que ha hecho su madre. Es I estudiando en la cocina y fumando antes del desayuno. A pidiendo turno para quedarse unos días porque se le ha atascado la escritura de uno de sus artículos larguísimos. Es dónde las habitaciones son para quien las duerme y si estos sofás hablaran.

Casa es casa porque a veces tenemos miedo juntos. Porque cuando estás sola y llaman a la puerta y no esperas a nadie te quedas en silencio con las luces apagadas hasta que suena el teléfono y resulta que es D que se ha olvidado las llaves. Claro que también es casa porque le dejas las llaves bajo el felpudo a H para que no te despierte cuando vuelva del Cairo pasada la medianoche. Casa es un lugar seguro si al cerrar la puerta jugamos con nuestras reglas, aunque en cualquier momento puedan echar la puerta abajo.