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Gestos

Escrit el 04/03/2018 per Andrea Soto a la categoria Pura superficie.
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Hay un tiempo en que es preciso abandonar las ropas usadas, que ya han adoptado la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es tiempo de travesía: y, si no osáramos hacerla, quedaremos, para siempre al margen de nosotros mismos.

Fernando Pessoa

Por aquel tiempo me había aficionado a Fernando Pessoa, lo leía compulsivamente. Creo que algunos libros como La hora del diablo casi podría recitarlos de memoria. Recuerdo que un amigo con frecuencia me decía: “tienes que dejar de leer a Pessoa”, al tiempo que no paraba de dejar libros suyos sobre mi mesa de noche.

El eco era hondo: Es preciso abandonar las ropas usadas, que ya han adoptado la forma de nuestro cuerpo.

¿Qué ropas eran aquellas que habían adoptado la forma de mi cuerpo?

¿Cuál era ese margen que me dibujaba y me dejaba al margen?

¿Qué sería aquello que no dejaba de repetir?

¿Qué se repite en la repetición?

Actitudes, decisiones, gestos.

Parece haber relativo acuerdo en entender los gestos como movimientos del cuerpo, aunque no podemos llamar gestos a todos los movimientos que hace el cuerpo. Los movimientos peristálticos de los intestinos, la contracción de las pupilas, si bien son movimientos del cuerpo, no son propiamente gestos.

Uno podría verse entonces tentado a decir que esos movimientos no son gestos porque les falta una intencionalidad, pero tampoco pueden reducirse a puros movimientos intencionales. De hecho, muchas veces, los gestos son movimientos que casi no nos damos cuenta que hacemos pero que definen en cierto modo nuestra singularidad.

Diríamos que el gesto es el movimiento de un cuerpo para el que no se da ninguna explicación causal satisfactoria pero que, a la vez, está cargado de movimiento simbólico.

Continuamente estamos intentando ‘leer’ ciertos gestos, desde los más minúsculos movimientos faciales, hasta los movimientos más impresionantes de las masas de cuerpos que se llaman ‘revoluciones’.

Orientarnos a través de los gestos de los otros es una operación que hacemos desde una cierta intuición, pero sobre todo a partir de vínculos. Cuando esos vínculos se rompen, nos dejan huérfanos de esos anudamientos de producción simbólica, es como si se cortaran los canales por los cuales circulara su flujo. El tardo capitalismo avanza apresurado en esa dirección, cada vez más impide que esos flujos, que de una u otra manera estaban inscritos en nosotros, circulen. Diamela Eltit, en una conversación que tuvimos hace algunos meses, me decía en relación al lenguaje, que a ella le apasionaban esos traspiés lingüísticos que implican un mal “hablamiento”, como, por ejemplo, el ‘haiga’, que es considerado una fractura del lenguaje, pero que para ella tiene sobre todo un alcance poético. Porque construir ese “haiga” no es fácil, es un trabajo cultural de envergadura, porque lo construyó, lo habitó y lo ejerce un grupo social. Por mucho disciplinamiento que haiga, las instituciones normalizadoras como la escuela no pueden cortarlo. Pero, sin embargo, vemos como, cada vez más, esas construcciones no circulan. Si yo entiendo ese ‘haiga’ es porque de alguna manera está inscrito en mí, pero cuántos hablamientos están siendo silenciados que ni siquiera los podemos oír.

Una memoria geológica que se interrumpe, un conocimiento sensible enmudece.

A pesar de eso, los gestos tienen una memoria que vuelve a la superficie, cierta contingencia de caer juntos, insistencia de formas repetitivas que ponen en contacto con otras memorias, recuerdos del cuerpo, dudas, huellas de existencias afónicas.

Movimiento que no es propiamente una prolongación pero tampoco un corte. Los gestos son sobre todo un tono.

Fragmentos de «Rüsselsheim, 2016 (un ensayo para Oratorio)» un proyecto de María García con Marco de Ana [Karen Lugo en el aparcamiento donde se situaba en los años 70 la residencia para trabajadores inmigrantes de la principal fábrica de Opel].

Mucho tal vez se ha dicho sobre los gestos, no solo sobre los gestos que una época inaugura sino también sobre cómo resistir a la automatización de los gestos. Tiempos Modernos de Charles Chaplin es si se quiere una suerte de manifiesto en esto. Personalmente me interesan más esos instantes antes que se conviertan en gestos. Siempre he pensado que es ahí donde puede trabajar el arte y, más ampliamente, todo trabajo que no sea expropiación de la vida. Probablemente porque nací a punto de asfixiarme no deja de convocarme ese abismo, ese frágil borde en que se está a punto de aparecer o desaparecer. Movimientos, deambulaciones, espasmos leves, titubeos indecidibles.

Esther Shalev-Gerz tiene un trabajo precioso que se llama First Generation (Sweden, 2004). Se trata de una proyección de primeros planos en una superficie amplia, de los rostros de los participantes cuando escuchan sus respuestas a una entrevista breve que ella le hace a un grupo de hijos e hijas de inmigrantes. Shalev-Gerz se detiene en todos esos pequeños momentos en que el gesto está a la espera de su configuración, micro-instantes de indeterminación en donde no se sabe qué curso va a seguir una articulación, hacía dónde va a declinar el habla, el movimiento, el gesto. Momentos llenos de apertura y de tensión.

La lógica sutil que rige esas actividades ‘ordinarias’ solo aparece en los detalles.

La historia comienza a ras del suelo, con los pasos. Su hormigueo es un innumerable conjunto de singularidades, estilos de aprehensión táctil, motricidades peatonales. Frente a la historia de los hechos, pequeños testimonios de vida ordinaria, que son portadores de memoria por el hecho mismo de no haberse ocupado más que de su presente.

 

Ahí, a ras de suelo, deambulando los mínimos espacios de indeterminación que a fuerza de torpezas tuercen nuestros gestos.


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  • enric: Grácies Ramon. Ho descrius amb molta profunfitat i bellesa.
  • Bani: He sentido a menudo las mismas cosas pero jamás hubiera sido capaz de expresarlas tan bien… Una abraçada
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  • Fausti: No ho descriguis tan bé, coi!

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