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Boom: la precariedad universitaria a concurso

Per Elena Fraj, Ricardo Iglesias, Diego Marchante, Montse Morcate, María Ruido.

Hace unos días circulaba por las redes un video en el que un profesor de universidad optaba por inmolar su carrera profesional en un concurso de televisión antes que regresar al aula. Numerosos medios se hicieron eco de la radical decisión de Valentín, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Altea. Lo sorprendente de la noticia era tanto la decisión de abandonar como el motivo: su sueldo, de apenas unos doscientos y pico euros, lo gastaba en gasolina para desplazarse hasta su lugar de trabajo. A pesar del esfuerzo por denunciar y visibilizar la precariedad extrema al que está sometido gran parte del profesorado universitario se necesitan ejemplos tan gráficos como éste para conseguir un poco de atención.

Ésta es una de las miles de historias personales cuyas condiciones laborales están absolutamente precarizadas. Lo más lamentable del asunto es que la situación es mucho peor de lo que muestra este profesor. La retribución económica percibida es totalmente inaceptable, la cual efectivamente no llega ni tan siquiera al sueldo de mileurista, lo que para lxs asociadxs es una quimera. El convenio laboral, por cierto firmado por los dos sindicatos mayoritarios, estipula la obligación de disponer de otro empleo para justificar la perversión del contrato de asociadx. Obliga a lxs profesorxs a buscar un trabajo que justifique la contratación supuestamente de un profesional que presta servicios a la universidad (algo ya de por sí complicado con una situación de precariedad laboral extrema y que exige flexibilidad variable cada año). Por tanto, lxs falsxs asociadxs buscamos un trabajo que nos pague las facturas y que nos permita seguir “regalando nuestro trabajo a la universidad” a la vez que realizamos investigación en paralelo o dentro de la universidad pero de forma invisible y no reconocida. Esa investigación, sin embargo, sí que cuenta  para que las universidades sumen puntos en los rankings de evaluaciones internacionales. El resultado es que el profesorado asociado paga con su coste personal, físico y psíquico trabajando literalmente de sol a sol por tener que combinar dos, tres y hasta cuatro trabajos, haciendo imposible conciliar la vida laboral con las otras facetas personales de la vida.

Estos días aparecía también en la prensa un titular igual de contundente: ”La tesis doctoral es perjudicial para la salud”. Y, de nuevo, aparece esa reacción contradictoria. Felicidad porque se dé visibilidad al duro trabajo de lxs investigadorxs pero rabia al finalizar la lectura y comprobar nuevamente que todo es más grave y que no se muestra que el problema es estructural. Suficientemente duro es realizar una tesis doctoral becadx, pero es totalmente insostenible a largo plazo si esa tesis se realiza sin ayuda económica, simultaneando la labor docente como asociadx y la vida laboral fuera de la universidad. Si alrededor de un tercio de doctorandos tienen estrés o ansiedad, los problemas de salud mental de lxs asociadxs debe rozar el cien por cien. Está admitido como riesgo laboral el estrés y el burnout o más llamado comúnmente  “estar quemadx” a raíz de la situación sistémica laboral. Algunos de los síntomas son: angustia, insatisfacción, pesimismo, ansiedad, dolores físicos, insomnio, depresión… cuyas consecuencias son fatiga emocional, baja realización personal y deshumanización de los entornos laborales. El destrozo de la universidad pública se traduce en destrozos personales. Los trastornos físicos y emocionales son consecuencias directas para aquellxs que ponemos el cuerpo en el trabajo. Sería interesante elaborar un estudio sobre el impacto de la precariedad universitaria sobre la salud, pero claro, para poder hacer ese estudio necesitamos que aquellos investigadrxs tengan unas condiciones dignas para poder llevarlo a cabo. Quizás es por eso que todavía nadie ha podido llegar a realizarlo.

La carrera académica no consiste sólo en doctorarse en condiciones absolutamente precarias sino algo que todavía es más desconocido: acreditarse. La acreditación se basa en conseguir una serie de puntos para ser reconocidx como investigador y poder así salir en un futuro de la precariedad de lxsl docente no acreditadxs. Esto se resume en publicar artículos académicos, asistir a congresos internacionales, participar en proyectos de investigación de prestigio y un largo etcétera. Algo que supone un esfuerzo inviable para muchxs asociadxs y para lxs que lo consiguen (muchas veces sin ningún tipo de ayuda económica externa e incluso pagando de su propio bolsillo y fuera del horario laboral), significa un sacrificio difícil de explicar y entender por su entorno, salvo que se realiza con una vocación sin límites y una necesidad vital de llegar hasta el final del calvario. Así pues se trata de luchar, resistir, acreditarse para salir de la precariedad total y, una vez conseguido todo ello (y a pesar de haber conseguido la hazaña de la acreditación)… a esperar. Esperar años a que salgan plazas temporales. Todo esto para ver cómo una vez convertido en profesorx doctorx acreditadx directamente te dicen que no hay dinero y que debes esperar. Eso es igual a decir, no te pagamos lo que te corresponde pero te aguantas porque sabemos que no te vas a ir después de llegar tan lejos. Lo realmente insultante es que te están pagando una miseria porque no te hacen el contrato que te corresponde alegando falta de fondos. Y, sinceramente, no es posible imaginar ningún otro sector en los que lxs trabajadorxs sigan en sus puestos de trabajo durante tantos años en esta situación. Pero la plaza que espera el asociadx acreditadx no es para nada una plaza de funcionariado como creen muchos, sino simplemente plazas temporales, con una duración justa para poder acreditarte de nuevo y cruzar los dedos para que salga otra plaza…o regresar al punto de partida y volver a trabajar de asociado. Las pocas veces que se habla de la precariedad en la universidad se suele poner la atención en investigadorxs de perfil científico de laboratorio, que llevan meses sin fondos ni sueldo y cómo eso empuja a grandes talentos a abandonar o a emigrar. Efectivamente esto es una realidad terrible que es importante explicar pero en la que no se pone el foco de atención sobre los problemas estructurales de la universidad pública y su desmantelamiento bajo la excusa de la larga crisis económica en la que se enmarca.

¿Pero qué pasa si además el otro trabajo que tienes es el de artista? Lxs asociadxs de la facultad de Bellas Artes tienen la particularidad de que muchxs de ellxs se dedican a la creación y la situación del panorama creativo también está atravesada por la precariedad. Muchos de los proyectos se financian a través de becas y subvenciones públicas o privadas cuando no directamente se realizan sin financiación. Los honorarios de lxs artistas son escasos o a veces nulos por lo que simultanear la carrera artística con la académica es doblemente complicada.

Lxs que firmamos este artículo somos docentes en la Facultat de Belles Arts (UB) y también creadorxs. Allí hay 112 asociadxs de un total de 205 profesorxs, por lo que somos más de la mitad. Y junto a otras figuras laborales temporales sumamos 139 frente a 65 trabajadoxs permanentes. Son datos representativos de la universidad pública catalana, en este caso la UB, universidad presente en los mejore ránkings de calidad. ¿Cómo es posible que pueda tan siquiera acceder a estos ránkings con estos niveles de precariedad? Deberían establecer unas condiciones éticas mínimas de acceso a estas evaluaciones que dejase fuera a aquellos centros sostenidos por becarixs y precarixs. Además de no tener ningún respeto ni cuidado por su personal laboral, docente e investigador, la universidad pública está demostrando escaso cuidado por lxs estudiantes, que deberían tener la mejor de las docencias posibles: libre, gratuíta, de calidad reconocida… y con el apoyo al talento y cualidades de sus profesorxs (algo que tampoco hace). Tal vez, y decimos tal vez, porque lo que está precisamente en el horizonte es el final de una universidad pública, libre, gratuita y de calidad.

El formato de producción coincide con el de empresas cuyas relaciones de trabajadorxs temporales son la base en un ratio 60% de partime, frente a un 40% fulltime. El diseño de gestión universitaria está clarísimamente pensado, no hemos llegado aquí por casualidad o descuido. Si la ley del estado español ha diseñado este tipo de contratos, es cada centro universitario el que decide aplicarlos de manera fraudulenta o no, empujado por los apretados presupuestos de los gobiernos locales, en este caso, la Generalitat. La Generalitat recorta presupuesto y las universidades, en lugar de defender al personal ejecuta sin rechistar. No sería extraño que de aquí a un tiempo las universidades externalizasen la docencia, como así han hecho con otros servicios como el de la limpieza en la UB. El resultado es un sistema que se sostiene sobre la temporalidad y la precariedad y que no reúne condiciones dignas para desarrollar docencia e investigación. Se sostiene sobre un equilibrio imposible que parece que siempre está a punto de colapsar pero no lo hace. ¿Por qué?

Porque es un círculo vicioso en la que lxs jóvenes comienzan su carrera con becas y contratos paupérrimos con la esperanza de que algún día, gracias a la mejora de su currículum, puedan acceder a otras categorías acordes con su nivel. Esta situación se alarga en el tiempo mantenido por una promesa sin fecha de resolución. La forma de vida de becarix o estudiante se alarga durante años: pocos ingresos con lo que pagar las facturas, pisos compartidos con compañexs o amigxs, ayuda por parte de lxs padres, multiplicidad de trabajos, contratos temporales, proyectos becados que no cubren los honorarios… así hasta pasados los cuarenta, los cincuenta y la jubilación amenazando a la vuelta de la esquina. El sistema no colapsa porque traslada la responsabilidad de mejorar su situación al plano de lo individual. Mejorar el currículum es responsabilidad suya independientemente de las condiciones materiales, si es necesario ha de poner su tiempo y sus recursos. El personal contratado se convierte en una suerte de emprendedorxs dentro de la empresa. En definitiva, ha de “pagar” por trabajar y si no consigue los objetivos deseados (porque lo laboral, como la creación, se traslada al deseo personal) es porque no ha hecho lo suficiente.

Sería interesante que la sociedad fuera consciente de la sostenibilidad de cada universidad para dejar de ocultar el grado de precariedad y explotación a través de los cuales consigue su excelencia, que el caso del profesor que salió en televisión contando su caso no es una excepción. Justo en el mismo momento en que Valentín participaba en el concurso sus compañerxs iniciaban una huelga indefinida. Una huelga no es fácil de hacer, se ha de renunciar al sueldo y no todo el mundo se lo puede permitir en tiempos donde no hacemos muchas cajas de resistencia. El profesorado de Valencia está siendo muy valiente. Sería un buen momento para ponernos de acuerdo, dejar caer la tiza todxs a la vez y no recogerla hasta acabar con la explotación en la universidad.

 


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