Skip to content


Un bolsillo

Escrit el 28/05/2018 per Marta Vallejo a la categoria Una habitación libre.
Tags:

Vaig fer un crit d’infern. Un crit que devia fer molts anys que duia a dintre.

Mercè Rodoreda. La plaça del Diamant

 

La primera vez que entré al taller de Ibou para encargarle un vestido, traía un arrebato de coquetería y una tela de color turquesa con estampado como de lágrimas de pavo real. Durante los tres años que fuimos vecinos, Ibou y yo nos fuimos tomando las medidas: yo sabía que él nunca acertaría la talla de mis tetas (a veces salían vestidos para pecho de gimnasta bielorrusa y a veces para pechugamen de rocío jurado). Y él sabía que a cualquier encargo, yo le pediría que añadiera bolsillos. Una falda de tubo, con bolsillos. Un vestido entallado, con bolsillos. Una gabardina, con bolsillos. Un coulotte, con bolsillos.

Ibou sugirió mil veces que me comprara bolsos más grandes para no andar siempre jodiéndole los diseños. Pero lo cierto es que nunca los utilicé para guardar gran cosa: los bolsillos me contenían a mí. A mí en la cola del baño, a mí en una fiesta, a mí en una reunión, a mí cuando me presentaban a alguien. A mí expresando desacuerdo en ciertas conversaciones. A mí esperando el bus por la noche. A mí y a mis incomodidades prêt-à-porter.

Antes de conocer a Ibou en Dakar, la sastrería era una magia de la cual se encargaban mis abuelas. Las he visto miles de veces con las gafas a media asta, casi en la punta de la nariz, levantando la pata de la aguja de la máquina de coser, tirando del hilo, girando la rueda y dándole al pedal. En la costura de mis abuelas vive la capacidad de darle mil vidas a una tela que empieza siendo vestido y termina siendo bolsa para el pan, tras haber sido sucesivamente falda, blusa, bata y mandil. Con el coser se ajustaban las ropas a la medida de unos cuerpos que se transformaban apechugando con la vida. A veces gordas de alegría a veces secas de nervios.

Ya sabemos a estas alturas que no hay nada de natural en esta capacidad de corte y confección de la vida hembra. Pero lo cierto es que buena parte de mi aprendizaje de la mujeridad se ha conversado mientras veía a mis abuelas sujetando un par de agujas en la boca y colocando bien la tela de los bajos de un pantalón demasiado largo que mi madre estaba intentando arreglar. Una especie de transferencia intergeneracional por la vía de las fibras del tejido sobre el cuerpo. Un largo óptimo de pantalón que no se ubicaba en el mismo lugar para ninguna de las mujeres involucradas en la gestión de las costuras de una prenda heredada. A mi madre y a mis tías y a mis abuelas el mundo las había hecho mujeres y ellas se hicieron feministas las unas a las otras. En coherencia con el mundo que querían hacia a fuera y como consecuencia del mundo que vivían por dentro, mis mujeres nos fueron criando tan libres como supieron.


Amadou Sanogo, 2009 [1]

Hace unas semanas, como quien encuentra un billete de bus de otra ciudad en el bolsillo de un abrigo viejo, recordé a una amiga del instituto. Me acordé de que pasábamos muchas tardes en mi casa porque mis padres feministas me dejaban estar el fin de semana sola cuando ellos se iban al pueblo y yo prefería quedarme en Cornellà. Me acordé de que siempre la acompañaba hasta la puerta del parque porque de vuelta a casa, la suya quedaba la última y a mí no me daba miedo caminar sola pero a ella sí.

Y me acordé de que un finde de comer pizza congelada haciendo como si fuéramos un poco más adolescentes de chalet adosado y un poco menos de última parada de la línea 5, mi amiga me dijo que estaba rallada, tía. Que el vecino mayor que le hacía bromas cuando se cruzaban en la escalera la había invitado a fumarse un porro en su casa. Y había cerrado con llave. En la tele, las adolescentes se rallaban, tía y al final del capítulo aprendían la moraleja. Yo busqué en el arsenal con el que mis mujeres me habían armado y uniendo los puntos suspensivos deduje que si se había enrollado con un tío y estaba rallada, la solución era un predictor. Así que me ofrecí a ir yo a la farmacia. A pagarlo yo con la pasta que me habían dejado para el finde. A que hiciéramos la prueba en el baño de mi casa de mis padres. No te ralles, tía.

El otro día, cuando entendí que con todas mis palabras ninguna le había dado a la rallada de mi amiga el nombre que tenía, metí las manos en el bolsillo. Empecé a rascar la pelusilla de todas las incomodidades acumuladas. Saqué una pila enorme de lana húmeda y apestosa por cardar que aunque no tenga nombre ya sabemos cómo se llama. Por ahora la hemos puesto a orear al sol. Cuando esté lista, la hilaremos muy fino y pensaremos, como decía James Baldwin, en qué hacer con tanta belleza.

 

[1] En el comedor de casa hay el primer y único cuadro que he comprado en mi vida. Se lo compré a Amadou Sanogo. Todos sus cuadros son enormes y preciosos y no hubiera sabido escoger, hasta que vi éste. Me pareció muy bonito y aunque con esto ya bastaba, le pregunté de qué iba. Amadou dice que la vida está hecha de decisiones, una tras otra, como puntos que conforman líneas. Con ellas tejemos intimidades que guardamos con un candado. Y las cargamos en el bolsillo trasero del pantalón para no verlas todo el rato.


Una resposta

Si vols pots seguir els comentaris per RSS.

  1. Adriana de la Osa says

    Un texto precioso, Marta. Emocionante e inspirador. ¡Me ha chiflado! Gracias, gracias, gracias.
    Hoy, ya es un día genial.. y solo son las 10:39



Pots escriure HTML senzill

Trackback?



Últims comentaris

Autors

Arxius

Què és Nativa.cat?

Nativa és una publicació musical editada per Indigestió (abans en paper, ara només a internet), dedicada a la cultura musical de la ciutat de Barcelona. Parlem de música des de la proximitat, des del coneixement immediat dels músics i les seves produccions, del públic i les seves reaccions, i no tant des de la cultura mediàtica global.

Què és Indigestió?

Indigestió és una organització professional, i no-lucrativa, creada el 1995, que treballa, des de Barcelona, per promoure la cultura musical, des de la perspectiva del ciutadà. El nostre eix principal no és la promoció dels artistes o el negoci musical, sinó l’aprofundiment en les relacions entre la societat i els artistes. Ah, i també tenim una medalla del FAD!

Contacte

Mail to info(a)indigestio.com

Política de privacitat

Donen suport

fesnos_indies

fesnos_indies

mininativa és una publicació d'mininativa subjecta a una llicència Creative Commons ( BY NC ND )